🚧 DO YOU EVEN FORKLIFT? — LA ÉPICA ABSURDA DE SER UN HÉROE DEL CAOS LOGÍSTICO 🚧

Do You Even Forklift? en PlayStation 5 es exactamente lo que parece… y al mismo tiempo muchísimo más, pero cuando lo expandes, cuando lo vives de verdad, te das cuenta de que es una oda al caos, un poema absurdo dedicado a todos esos momentos en los que la física decide que hoy no es tu día. Es ese tipo de juego que empieza como una broma, como un meme hecho videojuego, como un “venga, lo pruebo cinco minutos”, y de repente te encuentras una hora riéndote, otra hora intentando dominar una curva imposible, y otra más preguntándote en qué momento un montacargas se convirtió en tu vehículo espiritual, tu tótem, tu animal guía. Es pura comedia física, pura estupidez gloriosa, pura diversión sin filtro, como si alguien hubiera mezclado un simulador serio con un sketch de humor y hubiera dicho: “Sí, esto es arte”.

Aquí no vienes a salvar el mundo, ni a derrotar a un dios ancestral, ni a descubrir un misterio cósmico. Aquí vienes a levantar palés como si tu vida dependiera de ello, como si cada caja fuera un tesoro sagrado y cada estantería un altar logístico. Vienes a demostrar que eres el Messi del montacargas, el Beethoven de la horquilla hidráulica, el Vin Diesel de la logística industrial, el Bruce Lee del equilibrio imposible. Y el juego te lo pone difícil, porque la conducción es un caos delicioso, una fiesta de torpeza controlada: giras demasiado, vuelcas; aceleras un poco, vuelas; intentas frenar, te estampas contra una torre de cajas que cae como un dominó maldito que alguien colocó con mala intención. Cada error es un sketch digno de un programa de humor. Cada acierto, un milagro digno de ser narrado por un comentarista deportivo con lágrimas en los ojos.

Hay momentos en los que el montacargas parece tener vida propia, como si fuera un caballo salvaje que no quiere ser domado. Otros en los que tú mismo te conviertes en una leyenda urbana del almacén, un héroe anónimo que consigue colocar un palé en su sitio después de veinte intentos y tres catástrofes físicas. Y cuando lo logras, cuando por fin todo encaja, sientes una mezcla de orgullo, alivio y risa que ningún juego serio podría darte. Porque aquí la victoria no es épica: es ridículamente satisfactoria.

La PS5 lo mueve todo con una fluidez insultante, pero cuando lo amplías, cuando lo sientes de verdad en las manos, parece que la consola está orgullosa de estar ejecutando semejante locura. Como si dijera: “Mira lo que soy capaz de hacer con un montacargas y un sueño”. El DualSense vibra como si el vehículo tuviera alma, como si cada tornillo, cada rueda, cada horquilla estuviera respirando. Los gatillos se tensan cuando levantas peso, ofreciéndote esa resistencia deliciosa que te hace sentir que estás levantando un palé real, sudor incluido. Y hay momentos en los que sientes que el mando te está hablando, juzgándote, riéndose contigo: “¿Seguro que quieres hacer ESO?”. Y tú, por supuesto, respondes con un giro imposible, un salto que desafía la ingeniería o una maniobra que haría llorar a cualquier supervisor de almacén. Porque aquí la física es tu enemiga, tu amiga, tu amante y tu verdugo. Nada se comporta como debería, y eso es exactamente lo que lo hace tan divertido: es un caos con personalidad, un desastre con estilo.

Los escenarios son parques de atracciones disfrazados de almacenes, auténticos campos de pruebas para la estupidez humana. Rampas imposibles que parecen diseñadas por un arquitecto que odia la estabilidad. Plataformas móviles que se mueven como si estuvieran vivas y quisieran verte caer. Pasillos estrechos donde solo cabe el montacargas si respiras hondo y rezas. Zonas donde parece que alguien diseñó el nivel después de tres cafés, cero horas de sueño y una apuesta perdida. Todo está pensado para que falles de la forma más espectacular posible: vuelcos, explosiones de cajas, caídas al vacío, choques que harían historia en YouTube. Y cuando fallas, te ríes. Y cuando lo consigues, te ríes más fuerte todavía, porque sabes que no deberías haberlo logrado, pero lo hiciste igual.

Los personajes —si es que se les puede llamar así— son avatares del caos, criaturas sin miedo ni sentido común. No hablan, no piensan, no sienten: solo conducen, como si su única misión en la vida fuera desafiar las leyes de Newton. Son como pilotos de Fórmula 1 atrapados en el cuerpo de un oficinista con casco barato. Y tú, desde fuera, los ves hacer maniobras que desafían la lógica, la física y la dignidad humana. Son héroes involuntarios, mártires de la torpeza, santos patronos del desastre logístico.

La magia del juego está en que no intenta ser serio ni un solo segundo. No quiere enseñarte nada, no quiere emocionarte, no quiere darte un mensaje profundo sobre la vida o la superación personal. Quiere que te diviertas, que te estrelles, que te levantes, que vuelvas a intentarlo, que te rías de ti mismo. Es un homenaje al caos, a la torpeza, a la comedia física, a ese placer infantil de ver algo caer y hacer ruido. Es un recordatorio de que a veces lo mejor que puede hacer un videojuego es dejarte ser un desastre con estilo.

Pero eso si, cuando terminas una misión, cuando por fin colocas ese palé en su sitio después de veinte intentos, tres vuelcos, dos caídas y un momento en el que pensaste que el montacargas iba a explotar, no sientes orgullo heroico. Sientes que acabas de ganar un combate contra el universo. Un combate absurdo, sí, pero glorioso. Un triunfo que no se mide en puntos ni en medallas, sino en carcajadas. Y eso, en el fondo, es lo que hace que este juego sea tan especial.

Garage 5 "desarrolladora" es ese estudio que, en vez de preguntarse “¿qué juego deberíamos hacer?”, se preguntó “¿y si convertimos un montacargas en una estrella de rock?”. Son los artesanos del caos, los poetas de la torpeza, los ingenieros que miraron a la física y dijeron: “te vamos a doblar, pero con cariño”. Su filosofía parece ser: si algo puede volcar, que vuelque; si algo puede explotar, que explote; si algo puede hacer reír, que lo haga más fuerte. Son los culpables de que ahora consideres seriamente añadir “experto en logística extrema” a tu currículum.

Take IT Studio! es la distribuidora que vio este proyecto, vio un montacargas dando vueltas como un trompo poseído, vio cajas volando por los aires… y dijo: “Sí. Esto hay que compartirlo con el mundo”. Son los héroes silenciosos que apuestan por lo absurdo, por lo inesperado, por lo que te hace reír a carcajadas sin pedir permiso. Si Garage 5 es la chispa, Take IT Studio! es el megáfono que amplifica la locura para que llegue a todos los rincones del planeta.

Sin duda un juego en el que te vas a reír y mucho...


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento: