Néro & Sci ∫ Integral Edition en Nintendo Switch es exactamente ese tipo de juego que parece que alguien diseñó después de tomarse tres cafés, dos caramelos de menta, una siesta de diez minutos y una decisión vital cuestionable, pero en el mejor sentido posible. Es raro de una forma deliciosa, juguetón como un gato hiperactivo, matemático sin pretender enseñarte nada, filosófico sin ponerse pesado, y tan absurdamente autoconsciente que a veces parece que el propio juego te guiña un ojo desde la pantalla. Y en Switch, todo ese caos adorable se vuelve portátil, íntimo y peligrosamente adictivo, como llevar un laboratorio de ideas locas en el bolsillo.
Empieza como empiezan las mejores locuras: sin avisar, sin contexto, sin pedir permiso. De repente estás controlando a Néro, un personaje que parece escapado de un cuaderno de apuntes de un estudiante de ingeniería que se quedó dormido en clase y soñó con ser diseñador de videojuegos. Y a su lado está Sci, que no es un personaje: es una fórmula matemática con actitud, con ego, con un aura de “yo debería estar en una pizarra, no saltando plataformas, pero aquí estamos”. Juntos forman una pareja tan improbable que funciona precisamente por eso: porque no intentan ser normales, porque no quieren encajar, porque el juego abraza su rareza con una sonrisa enorme y te invita a hacer lo mismo.
Es como si Pitágoras y un dibujo animado hubieran decidido montar un dúo cómico, hubieran perdido el guion por el camino y aun así hubieran dicho: “bueno, improvisamos”. Y lo increíble es que funciona. Funciona porque el juego no se toma en serio ni un segundo, pero tampoco te trata como tonto. Funciona porque cada nivel parece diseñado por alguien que ama las matemáticas, pero también ama los chistes malos, los colores chillones y las físicas que a veces parecen obedecer leyes propias. Funciona porque, en el fondo, Néro y Sci no son solo personajes: son dos energías opuestas chocando constantemente, dos formas de ver el mundo que se pelean, se ayudan, se burlan y se necesitan.
Y tú estás ahí, en medio, disfrutando del espectáculo, riéndote de lo absurdo, de lo brillante, de lo inesperado. Porque Néro & Sci no quiere que seas un genio: quiere que te diviertas. Quiere que te caigas, que te levantes, que falles un salto por culpa de un cálculo mental mal hecho y que te rías igual. Quiere que te sientas dentro de un cuaderno garabateado que cobró vida y decidió que hoy tocaba aventura.
Los niveles de Néro & Sci ∫ Integral Edition son un festival absoluto, una especie de parque temático diseñado por un profesor de matemáticas con sentido del humor, un animador hiperactivo y un filósofo que decidió que hoy no tenía ganas de ser profundo. Cada nivel es una sorpresa, una broma, un experimento, un “a ver qué pasa si mezclamos esto con esto otro y lo agitamos fuerte”. Y lo mejor es que todo funciona, incluso cuando no debería.
Son una mezcla deliciosa entre plataformas, rompecabezas y chistes internos sobre matemáticas que no necesitas entender para reírte. El juego te lanza conceptos como integrales, derivadas, límites y funciones, pero no para enseñarte nada, sino para convertirlos en obstáculos, trampas, plataformas móviles o mecanismos absurdos que parecen sacados de un libro de texto que cobró vida y decidió rebelarse. Es como si el juego te dijera: “tranquilo, no hace falta que sepas qué es una integral; solo empuja esta caja, salta aquí y trata de no caerte al vacío como un campeón”. Y tú lo haces. Y te ríes. Y te caes igual. Y te vuelves a reír. Porque Néro & Sci no castiga: te vacila. Te mira desde la pantalla como diciendo: “¿ves? Te dije que no era tan fácil”.
Hay niveles que parecen diseñados para que te sientas un genio durante tres segundos… justo antes de que el suelo desaparezca bajo tus pies. Otros juegan con la gravedad como si fuera plastilina. Otros convierten fórmulas matemáticas en plataformas que aparecen y desaparecen según tus movimientos. Otros te obligan a coordinar a Néro y a Sci como si fueran dos neuronas intentando ponerse de acuerdo por primera vez en su vida. Y luego están los niveles que parecen completamente normales… hasta que no lo son. De repente una pared se convierte en un gráfico cartesiano, un enemigo se transforma en un símbolo matemático que te persigue como si quisiera corregirte los deberes, o un puente se despliega siguiendo la curva de una función que no entiendes pero que te hace reír igual.
Cada nivel tiene su propio chiste visual, su propia lógica absurda, su propio “momento Sci” en el que el juego te recuerda que aquí las matemáticas no son serias: son juguetonas, caóticas, impredecibles. Y tú estás ahí, saltando entre paréntesis gigantes, esquivando signos de interrogación que caen del cielo, activando mecanismos que parecen ecuaciones mal resueltas y resolviendo puzles que te hacen sentir como si estuvieras dentro de un examen… pero uno divertido, uno donde equivocarte es parte del espectáculo.
La estética es otro festival. Todo tiene un aire de cuaderno garabateado, de boceto animado, de experimento que cobró vida y ahora corre por ahí sin supervisión. Los personajes se mueven con una energía casi elástica, como si estuvieran hechos de tinta fresca que todavía no ha terminado de secarse. Los escenarios parecen hechos con rotuladores fluorescentes, con líneas que tiemblan, colores que vibran y formas que parecen dibujadas por alguien que estaba escuchando música demasiado alta. Cada animación tiene ese toque de “esto no debería funcionar, pero funciona”, como si el juego estuviera improvisando en tiempo real.
Es un juego que no quiere ser bonito: quiere ser divertido de mirar, quiere que cada nivel sea un chiste visual, un garabato con personalidad, un dibujo que se mueve porque sí, porque puede, porque le da la gana. Y lo consigue con una personalidad visual que no se parece a nada más en la eShop. Es como jugar dentro de un cuaderno de matemáticas que decidió que ya estaba harto de números y que quería dedicarse al espectáculo.
En Switch, la experiencia se vuelve todavía más encantadora, pero encantadora de esa forma caótica y luminosa que solo esta consola sabe potenciar. Es un juego perfecto para jugar en portátil, para sacarlo en el sofá, en la cama, en el tren, en la cocina mientras esperas que hierva el agua, en la terraza mientras finges que estás trabajando… en cualquier sitio donde necesites una dosis de caos matemático con humor absurdo. La consola lo abraza como si hubiera sido diseñado específicamente para ella. Los controles responden con una suavidad casi sospechosa, los tiempos de carga son tan rápidos que parece que el juego está impaciente por seguir gastándote bromas, y la pantalla de la Switch hace que los colores chillones, las líneas juguetonas y los garabatos hiperactivos brillen como si estuvieran recién dibujados con rotuladores nuevos.
Incluso los Joy‑Con parecen más felices cuando lo juegas, como si agradecieran que por fin no los estés usando para lanzar espadas, cazar monstruos gigantes o sobrevivir a un apocalipsis. Aquí pueden relajarse, vibrar suavemente cuando Néro tropieza, emitir un pequeño “clic” cuando Sci activa un mecanismo absurdo y acompañarte en una aventura que no pretende salvar el mundo, sino hacerte sonreír como un idiota en público.
La dinámica entre Néro y Sci es el corazón del juego, el motor emocional y humorístico que lo mantiene todo en movimiento. Se pelean, se ayudan, se burlan el uno del otro, se contradicen, se ignoran, se necesitan… y tú estás ahí en medio, intentando resolver puzles que a veces parecen diseñados por un profesor de matemáticas con sentido del humor y demasiado tiempo libre. Hay momentos en los que te sientes un genio absoluto, como si hubieras descubierto un teorema perdido. Y otros en los que te preguntas cómo has llegado a la edad adulta sin saber mover una caja en línea recta. Pero el juego nunca te hace sentir mal: te anima, te guiña un ojo, te lanza un chiste visual, te deja caer en un agujero y luego te dice “venga, otra vez, que esta te la sabes”.
Cuando crees que ya lo has visto todo, cuando piensas que el juego ya ha agotado su arsenal de tonterías brillantes, llega la Integral Edition con sus extras, sus niveles adicionales, sus mejoras de calidad de vida y ese toque de “sí, sabemos que esto es una locura, así que aquí tienes más”. Es como si el juego te dijera: “¿te gustó la tontería? Pues toma, otra ración. Y esta viene con salsa”. Nuevos desafíos, nuevas bromas internas, nuevas mecánicas que parecen inventadas en una servilleta durante una comida familiar incómoda. Y todas funcionan.
Al final, Néro & Sci ∫ Integral Edition no es un juego que busque cambiar tu vida ni redefinir el género. No quiere ser profundo, no quiere ser trascendental, no quiere ser el próximo gran indie del año. Quiere que sonrías, que te sorprendas, que te rías de ti mismo, que disfrutes de su rareza sin pretensiones. Es un pequeño laboratorio de ideas absurdas que funcionan porque no intentan ser otra cosa. Y en Nintendo Switch, con su portabilidad, su pantalla vibrante y su espíritu juguetón, se convierte en el lugar perfecto para dejar que esta pareja improbable te acompañe durante un rato, como dos garabatos revoltosos que se escaparon de un cuaderno para hacerte el día un poco más divertido.
Souris‑Lab "desarrolladora y distribuidora" es uno de esos estudios que, en cuanto los miras dos segundos, ya sabes que no funcionan como una empresa normal, sino como un pequeño laboratorio creativo donde alguien mezcla matemáticas, tinta fluorescente y una pizca de locura controlada. No parecen un estudio: parecen un grupo de científicos-artistas que un día decidieron que las ecuaciones también podían ser divertidas… y peligrosamente adorables.
Hay algo muy especial en su forma de trabajar: no buscan la perfección técnica, buscan la personalidad. Sus juegos no parecen diseñados en un despacho, sino dibujados en una libreta durante una clase aburrida, garabateados con cariño y luego convertidos en videojuegos porque alguien dijo “oye, ¿y si esto lo hacemos jugable?”. Y lo mejor es que funciona. Funcionan porque no tienen miedo a ser raros, a ser coloridos, a ser juguetones, a mezclar conceptos que nadie más mezclaría.
Souris‑Lab es ese estudio que te imaginas trabajando rodeado de pizarras llenas de fórmulas, tazas de café medio vacías y dibujos de personajes que parecen haber escapado de un cuaderno escolar. Un sitio donde la creatividad manda, donde las ideas absurdas no se descartan, sino que se celebran. Y Néro & Sci es la prueba perfecta: un juego que solo puede salir de un estudio que se toma muy en serio el arte de no tomarse demasiado en serio.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:





