4PGP en PlayStation 5 es como meter cuatro géneros en una coctelera, agitarla con violencia, lanzarla contra la pared y luego beberte lo que queda mientras el DualSense vibra como si quisiera escapar de tus manos. Es un juego que no quiere que te sientes ni un segundo: quiere que te tires de cabeza, que improvises, que te rías de tus propios fallos, que mueras de forma absurda, que vuelvas a intentarlo con más ganas y que acabes diciendo “¿pero qué demonios acabo de jugar?” mientras ya estás pulsando Reintentar sin pensarlo. Desde el primer segundo, la consola te escupe a un escenario que parece diseñado por alguien que no conoce el concepto de “pausa” ni en teoría: colores que te saltan a la cara, enemigos que entran en escena como si hubieran pagado entrada para pegarte, música que te empuja hacia adelante como un empujón en la espalda y un ritmo que no baja ni aunque tú lo pidas, ni aunque lo necesites, ni aunque estés sudando como si estuvieras en un gimnasio digital.
La gracia de 4PGP es que todo pasa rápido, pero nada pasa porque sí. Es un caos con coreografía, un desorden con reglas, un festival de estímulos donde cada movimiento tiene un peso, cada habilidad tiene un truco escondido y cada personaje tiene una personalidad jugable tan marcada que lo notas en los primeros diez segundos. Es ese tipo de juego donde dices “voy a probar un minuto” y cuando te das cuenta llevas cuarenta, con el pulso acelerado, los dedos calientes y la sensación de haber corrido una maratón sin levantarte del sofá. La PS5 lo mueve con una fluidez insultante: cero tirones, cero tiempos muertos, cero excusas. Todo es inmediato, todo es brillante, todo es exagerado, todo es un espectáculo continuo que parece diseñado para que tu cerebro no tenga tiempo de procesar nada antes de que llegue lo siguiente.
Y el mando DualSense… madre mía el DualSense. Aquí no vibra: participa. Cruje, empuja, te marca el ritmo de los golpes, te avisa de los impactos, te señala cuándo estás a punto de liarla y cuándo acabas de hacer algo épico sin darte cuenta. Es como si el mando fuera un quinto jugador invisible que te agarra por las muñecas y te dice “vamos, no pares ahora”. Cada disparo, cada salto, cada explosión, cada choque tiene su propio pulso, su propia textura, su propio mini terremoto en las manos. Es uno de esos juegos donde el mando no es un accesorio: es parte del espectáculo.
La variedad es otro de sus puntos fuertes, pero decir “variedad” es como decir que un tornado es “una brisita movida”: 4PGP cambia de idea más rápido que tú de personaje y lo hace con una alegría casi criminal. No es un juego que se conforme con repetir la misma fórmula ni un minuto; cada nivel mete una mecánica nueva, un giro inesperado, un enemigo que parece salido de un brainstorming con exceso de cafeína y un diseño que grita “¡a ver si te atreves con esto!”. Es un carrusel de ideas que no se detiene nunca, un desfile de locuras jugables donde cada tramo parece diseñado por un equipo distinto… pero todos igual de desquiciados.
Los modos de juego son un buffet libre de caos. Tienes circuitos que parecen parques de atracciones con esteroides, recorridos que mezclan plataformas imposibles con trampas que se activan cuando menos te lo esperas, arenas de combate donde todo explota, rebota o te persigue, y desafíos que cambian las reglas del juego solo para ver si te adaptas o te estampas. Hay modos centrados en velocidad pura, otros en supervivencia, otros en precisión, otros en aguantar oleadas, otros en sabotear a tus amigos, otros en cooperar para no morir todos a la vez… y todos funcionan como pequeñas cápsulas de adrenalina que te mantienen en tensión constante.
Los circuitos son un espectáculo aparte. Algunos son pasillos estrechos llenos de enemigos que te tiran proyectiles como si estuvieran en rebajas; otros son espacios abiertos donde tienes que moverte como un loco para no acabar aplastado, electrocutado o lanzado al vacío; otros son laberintos verticales donde cada salto es un riesgo calculado; y otros son auténticas montañas rusas donde el escenario entero parece moverse contigo. Cada circuito tiene su propio ritmo, su propia personalidad, su propio truco sucio para pillarte desprevenido. Y lo mejor es que ninguno se siente igual al anterior.
Cada enemigo tiene un patrón distinto, una forma de moverse, una manera de fastidiarte que te obliga a reaccionar en el acto. Algunos te persiguen como si les debieras dinero, otros te disparan desde la otra punta del mapa, otros explotan, otros se multiplican, otros te empujan al vacío… y todos están colocados con una mala leche deliciosa. Y cada jefe… cada jefe es una mezcla perfecta entre humor y tortura digital: te ríes porque es ridículo, sufres porque te revienta, y cuando lo derrotas te sientes como si hubieras ganado un combate de boxeo contra un dibujo animado hiperactivo que no sabe lo que es descansar.
Hay momentos en los que estás esquivando proyectiles como si fueras un ninja con jetpack, otros en los que estás reventando oleadas como si fueras un tanque con piernas, y otros en los que el juego decide que ahora toca una locura completamente distinta, plataformas imposibles, minijuegos improvisados, persecuciones delirantes, carreras suicidas, desafíos de precisión quirúrgica y tú simplemente te dejas llevar porque ya estás dentro del torbellino y no hay freno posible. Es un juego que no te pregunta si quieres variedad: te la lanza a la cara a toda velocidad y espera que sonrías mientras intentas sobrevivir.
Visualmente es un festival, un carnaval de color, un ataque de creatividad con luces de neón. No busca realismo, busca personalidad, busca estilo, busca que cada pantalla parezca un póster de neón a punto de explotar. Los efectos, las partículas, los golpes, las animaciones exageradas… todo está ahí para que cada partida sea un espectáculo, un show continuo donde cada explosión parece una fiesta y cada impacto tiene su propio fueguito visual. Y lo mejor es que no se rompe: la PS5 aguanta el caos como si estuviera diseñada para esto, como si Sony hubiera dicho “haz lo que quieras, no te preocupes, yo lo muevo”. Da igual cuántas cosas estén pasando en pantalla: todo fluye, todo responde, todo brilla.
Aparte está el multijugador, que es básicamente la versión “modo fiesta” del juego, pero decir “modo fiesta” es quedarse corto: es el equivalente digital a tirar confeti dentro de un microondas mientras alguien toca una trompeta desafinada y otro intenta bailar encima de una mesa. Es un caos delicioso, un desorden organizado, un carnaval donde todo el mundo participa aunque no quiera. Jugar solo es divertido, sí, pero jugar con más gente es directamente un desmadre monumental. De esos que empiezan tranquilos, con un “venga, probamos un par de rondas”, y acaban en gritos, risas, traiciones accidentales, salvadas heroicas que nadie esperaba, empujones amistosos, discusiones absurdas y un nivel de caos que convierte cualquier salón en un campo de batalla lleno de carcajadas.
Es ese tipo de multijugador donde nadie sabe exactamente qué está pasando, pero todos lo están pasando bien. Donde alguien muere de la forma más ridícula posible y el resto se ríe durante cinco minutos. Donde otro hace una jugada épica sin querer y se convierte en leyenda del grupo. Donde cada partida es una anécdota nueva, un momento que se queda grabado, un “¿te acuerdas cuando…?” que se repetirá durante semanas. Es ese multijugador que hace que alguien diga “una más” con la voz cansada y, cuando miras el reloj, resulta que son las tres de la mañana, hay latas vacías por el suelo y nadie quiere admitir que mañana madruga.
4PGP en PlayStation 5 es pura energía, pura chispa, pura diversión sin filtros. No quiere que pienses demasiado, quiere que sientas. Quiere que te muevas, que reacciones, que te metas en su ritmo frenético y que disfrutes del viaje como si fuera una montaña rusa que no frena nunca. Es un juego que no se toma demasiado en serio, pero que está hecho con una precisión quirúrgica para que cada partida sea un chute de adrenalina, un golpe de risa, un estallido de color. Es el tipo de juego que te recuerda por qué jugar sigue siendo tan divertido.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:





