9 de enero de 2026

I Am Future: Cozy Apocalypse Survival convierte el apocalipsis en un Airbnb flotante donde sobrevivir es opcional pero decorar es obligatorio

I Am Future: Cozy Apocalypse Survival en PS5 es básicamente la fantasía definitiva de cualquier persona que haya dicho alguna vez “ojalá el mundo se acabe para que me dejen tranquilo en mi casa”. Porque aquí el mundo efectivamente se ha ido a la porra, pero de una forma tan mona, tan soleada y tan llena de plantitas que parece que la humanidad se extinguió durante un brunch. Nada de desiertos radiactivos ni monstruos babeantes: aquí lo que tienes es un tejado flotante, un sol que brilla como si estuviera en horario de verano perpetuo y un montón de chatarra adorable esperando a que la conviertas en muebles con encanto.

La historia arranca con tu protagonista despertando de una criogenización, que es la forma elegante de decir “te echaste la siesta más larga de la historia”. Sales de tu cápsula, miras alrededor y descubres que el mundo está inundado, la civilización ha desaparecido y tú estás ahí, en un tejado que parece el ático de un influencer eco-friendly. No sabes qué ha pasado, pero tampoco te agobias mucho, porque el juego tiene ese tono de “bueno, ya lo iremos viendo, primero vamos a hacernos un desayuno rico”.

El personaje principal es un tipo normal, pero con un brazo biónico que es básicamente la navaja suiza definitiva. Ese brazo hace de todo: corta, cocina, pesca, desmonta coches, construye muebles, te sirve para automatizar tareas y probablemente, si Mandragora quisiera, también te haría masajes en la espalda. No hay un elenco enorme de personajes, pero sí robots con más personalidad que muchos humanos, inteligencias artificiales que te hablan como si fueran tus colegas y algún superviviente que aparece para recordarte que no estás solo en este spa postapocalíptico.

El mundo es una maravilla. Todo está inundado, pero no en plan dramático, sino como si la naturaleza hubiese dicho “mira, ya que no estáis, voy a ponerme creativa”. Las plantas se han adueñado de los edificios, los tejados son islas flotantes y el agua brilla como si estuvieras en un anuncio de crema solar. Puedes explorar enviando drones, que es la forma más cómoda de cotillear ruinas sin mojarte los pies. Y cada rincón tiene ese toque de “esto era una ciudad, pero ahora es un jardín acuático con vibes de chill”.

La construcción es el alma del juego. Empiezas con cuatro tablas mal puestas y acabas con un ático que parece un resort boutique del fin del mundo. Puedes fabricar estaciones de trabajo, cocinas, huertos, sistemas de riego, robots asistentes, muebles reciclados, luces, decoraciones y todo tipo de cacharros que convierten tu tejado en un templo del bricolaje. Y lo mejor es que todo tiene ese toque de “lo he hecho yo con mis manitas”, aunque en realidad lo haya hecho tu brazo biónico, que trabaja más que tú.

Las herramientas son un festival. El brazo biónico tiene accesorios para todo, y además puedes crear robots que te ayudan con las tareas repetitivas. Es como tener un ejército de Roombas con personalidad, que te riegan las plantas, te recogen la cosecha o te limpian el tejado mientras tú te dedicas a reorganizar muebles porque “esta esquina necesita más flow”. Y como buen juego cozy, nunca te mete prisa: si quieres pescar, pescas; si quieres cultivar, cultivas; si quieres dedicarte a decorar como si fuese Animal Crossing pero con chatarra, adelante.

La ambientación es probablemente lo más adictivo. Es un apocalipsis, sí, pero uno que huele a crema solar y a madera recién lijada. Todo es luminoso, colorido y lleno de vida. La música es suave, relajante, de esas que te ponen en cafeterías hipster para que te sientas productivo. Los efectos de sonido son agradables, desde el agua moviéndose hasta el zumbido de tus robots. Y gráficamente, en PS5, el juego luce de maravilla: colores vivos, animaciones suaves, un estilo cartoon que entra por los ojos y un agua que te dan ganas de tirarte de cabeza (aunque igual no es buena idea).

La jugabilidad es ese tipo de experiencia que te dice “solo una tarea más” y cuando te das cuenta llevas tres horas reorganizando cajas porque “esta no combina con la otra”. Es relajado, es adictivo y tiene ese punto de misterio sobre qué pasó con la humanidad que te mantiene enganchado sin estresarte. Es como si el juego te dijera: “sí, el mundo se acabó, pero mira qué bonito ha quedado”.

Y hablando de quién está detrás de todo esto: Mandragora es el estudio responsable, un equipo indie que ha decidido que el apocalipsis no tiene por qué ser feo ni deprimente. Se nota que han puesto cariño en cada detalle, desde el diseño del brazo biónico hasta la forma en que las plantas se enredan en los edificios. Y la distribuidora es tinyBuild, que ya tiene experiencia en sacar adelante indies con personalidad, rareza y mucho encanto. Son los mismos que han apoyado juegos como Hello Neighbor, así que saben perfectamente cómo mover títulos que se salen de lo típico.

En resumen, I Am Future es el juego perfecto para quien quiera sobrevivir al fin del mundo sin sudar, sin zombies, sin estrés y con un tejado que poco a poco se convierte en el hogar más acogedor del planeta. Es divertido, relajante, creativo y tiene ese toque de humor involuntario que surge cuando te das cuenta de que estás reconstruyendo la civilización desde un ático flotante con un brazo robótico que cocina mejor que tú. Una fantasía.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



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