Shroomtopia: el spa mental donde las setas te adoptan y no te sueltan
Shroomtopia en PlayStation 5 es básicamente lo que pasaría si alguien mezclara un documental de setas, un jardín zen y un puñado de caramelos de colores… y luego lo convirtiera en un videojuego. Es un título que no viene a estresarte, ni a exigirte reflejos de ninja, ni a ponerte a prueba con jefes finales que te gritan en la cara. Aquí vienes a relajarte, a fluir, a dejar que tu cerebro se derrita un poquito (en el buen sentido) mientras haces crecer champiñones mágicos como si fueras el horticultor más chill del multiverso.
La “historia” es tan ligera que casi flota. No hay drama, no hay traiciones, no hay un villano con capa y monólogo final. El mundo está dormido, los hongos están en modo siesta eterna y tú eres la persona encargada de devolverles la vida manipulando suelos hexagonales y mezclando néctares de colores. Es como si te dijeran: “Oye, ¿te apetece salvar un ecosistema entero… pero sin sudar?”. Y tú dices que sí, porque quién le dice que no a un plan así. Todo tiene ese aire de fábula tranquila, como si estuvieras dentro de un cuento ilustrado donde nadie corre, nadie grita y todo huele a tierra húmeda después de la lluvia.
La jugabilidad es un masaje para el cerebro. Cada nivel es un pequeño rompecabezas donde tienes que mover piezas, combinar colores y planificar cómo hacer que las setas broten felices. No hay tiempo límite, no hay penalizaciones, no hay un narrador gritándote “¡más rápido!”. Es puro flow. Te pones a jugar pensando que vas a hacer un par de niveles y cuando te das cuenta llevas media hora moviendo hexágonos como si estuvieras resolviendo el misterio de la existencia. Los 75 niveles repartidos en cinco biomas dan para mucho, y cada uno tiene su propio rollito visual que te hace sentir que estás viajando por un catálogo de terrarios mágicos.
Las sensaciones que transmite son una maravilla. Es cozy gaming en vena. Te baja las pulsaciones, te relaja los hombros, te deja la mente suave como una nube. Es el típico juego que te acompaña mientras te tomas un té, o mientras tu gato decide dormir encima del mando. Cada vez que completas un nivel te da un gustito interno, como si tu cerebro te dijera: “bien hecho, criatura luminosa”. No hay frustración, no hay sobresaltos, no hay nada que te saque del mood zen. Es como una sesión de mindfulness, pero con setas que brillan.
Gráficamente es un festival de monería. Todo es redondito, suave, colorido, con ese estilo que te hace sentir que estás dentro de un terrario mágico donde hasta las piedras parecen felices. Los biomas tienen personalidad propia: praderas luminosas, zonas más misteriosas, rincones que parecen sacados de un libro infantil ilustrado. No es un portento técnico, pero tampoco lo necesita. Su fuerza está en lo agradable que es mirarlo, en lo bien que combina colores, en lo mucho que apetece quedarse un rato más solo para ver crecer otra seta.
El sonido acompaña como un abrazo suave. Música tranquila, efectos relajantes, nada estridente. Es el tipo de banda sonora que podrías poner de fondo mientras estudias, trabajas o haces la compra online. Todo está pensado para que entres en un estado de concentración tranquila, como si estuvieras ordenando piedras de colores en un jardín japonés. Es un juego que entiende que el sonido es parte del ritual de relajación, y lo usa con cariño.
En cuanto a quién está detrás del invento, el desarrollo corre a cargo de GXN Games, un estudio que parece haber dicho: “¿y si hacemos un juego que sea como una infusión de camomila, pero jugable?”. Y oye, lo han conseguido. La distribución la lleva QUByte Interactive, que suele apostar por títulos pequeños pero con encanto, y aquí han dado con un caramelito que encaja perfectamente en su catálogo. Ambas compañías han creado un juego que no pretende ser épico, sino agradable, y eso ya es un superpoder.
En resumen, Shroomtopia en PS5 es como una tarde de domingo perfecta: suave, bonita, tranquila y con cero obligaciones. No te va a poner a prueba, no te va a estresar, no te va a pedir que seas un héroe. Solo quiere que te relajes, que disfrutes, que muevas hexágonos y que veas crecer setas felices. Y sinceramente, en un mundo lleno de ruido, explosiones y deadlines, un rinconcito así se agradece muchísimo. Si te gustan los puzles tranquilos, los colores bonitos y la sensación de que todo va a ir bien, este juego te va a caer como un abrazo calentito.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:





