One Button Games 5-in-1 vol. 3, cinco minijuegos, cero complicaciones: puro espíritu arcade en Series X

One Button Games 5‑in‑1 vol. 3 en Xbox Series X es como abrir una cajita de recreativas de bolsillo: cinco juguetes digitales que parecen salidos de una época en la que los juegos no necesitaban lore, cinemáticas ni tutoriales eternos, solo un botón y muchas ganas de picarte. Y lo bonito es que, aunque el pack es humilde, cada microjuego tiene ese saborcito retro que recuerda a cuando las máquinas te castigaban sin piedad pero tú seguías echando monedas porque “esta vez sí que sí”. Aquí la filosofía es “rápido, directo y sin complicaciones”, y cuando te pones a jugar descubres que hay más mala leche, más ingenio y más nostalgia de la que aparentan.

TWIN P es el que más se te queda grabado porque es puro arcade destilado. Controlas una línea con un pincho en cada extremo, uno fijo y el otro girando sin parar. Con un toque cambias cuál se queda clavado, y si mantienes pulsado, la línea se estira como si fuera un muelle de juguete. Es una idea tan simple que parece una tontería… hasta que llevas tres minutos esquivando bordes, recogiendo monedas y maldiciendo los picos morados que aparecen justo donde no deberían. Tiene ese ritmo que recuerda a los minijuegos de recreativas japonesas, esos que parecían fáciles pero te hacían sudar. Y en Series X, con la respuesta del mando, la sensación de inmediatez es deliciosa: pulsas, giras, esquivas, mueres, repites. Como un yo‑yo digital con complejo de asesino.

MIRROR FLOOR es el caos hecho plataforma. Saltas entre plataformas con monedas, pero cada vez que coges una, el juego te da la vuelta como si fueras un calcetín y te coloca en el lado opuesto, invirtiendo también qué partes de la plataforma son seguras y cuáles no. Es como jugar a un Mario minimalista diseñado por alguien que ha dormido poco y quiere ver el mundo arder. Cada salto es un acto de fe, cada moneda un riesgo, y cada giro un recordatorio de que aquí no hay estabilidad posible. Tiene ese toque de “rompe‑cerebros” que recuerda a los juegos de puzles de los 90, donde la mecánica era sencilla pero la ejecución te hacía replantearte tus reflejos.

Los otros tres juegos del pack siguen la misma filosofía: una idea mínima, un botón y un reto que escala más rápido de lo que esperas. Uno tira más por la precisión, otro por el timing, otro por la memoria muscular, pero todos comparten ese ADN de “lo entiendes en un segundo, lo dominas en una vida”. Son microexperiencias que podrían haber vivido perfectamente en una Game Boy tocha, en una maquinita LCD o en un cartucho de esos que venían con 200 juegos (de los cuales 180 eran clones). Cada uno tiene su propio ritmo, su propia forma de castigarte y su propio truco para engancharte.

Y aquí entra Xitilon, pero solo como distribuidora. No es un gigante ni una máquina de marketing; es más bien ese sello pequeñito que se dedica a rescatar juegos raros, minimalistas y con alma de experimento retro. Su catálogo encaja de maravilla con este pack: propuestas directas, sin florituras, hechas para jugar en ráfagas cortas y con ese espíritu arcade donde todo gira alrededor de una idea clara y un control inmediato. Detrás del desarrollo está un estudio pequeño, ABA Games, centrado en crear microjuegos que funcionan como juguetes interactivos, más preocupados por la idea y el ritmo que por el envoltorio. Aunque no son nombres conocidos ni aparecen en grandes titulares, sí se nota esa mano de desarrollador indie que disfruta exprimiendo una mecánica mínima hasta sacarle todo el jugo. Xitilon, por su parte, hace de puente: selecciona, empaqueta y lanza estas pequeñas rarezas para que lleguen a consolas como Xbox, agrupando microdesafíos que parecen primos entre sí, cada uno con su personalidad, pero todos compartiendo ese ADN de “un botón, cero complicaciones, cien por cien nostalgia”.

La magia retro del pack no está en filtros CRT ni en gráficos pixelados por obligación; está en la filosofía. En la inmediatez. En la sensación de que cada partida es un duelo entre tú y la máquina, sin adornos, sin cinemáticas, sin nada que te distraiga. Es ese tipo de diseño que te transporta a cuando los juegos eran más juguete que espectáculo, más desafío que narrativa. Y aunque son experiencias pequeñitas, tienen ese encanto de los arcades que sabían exactamente lo que eran: pruebas rápidas, intensas y un poco cabronas, hechas para que digas “venga, una más” hasta que te das cuenta de que llevas media hora dándole a un solo botón.

One Button Games 5‑in‑1 vol. 3 no va a cambiar tu vida, pero sí te va a recordar por qué los juegos simples, cuando están bien pensados, pueden ser tan adictivos como los grandes. Es un pack que huele a recreativa, a consola portátil vieja, a tardes de verano con juegos que parecían fáciles pero te dejaban los dedos hechos polvo. Y en Series X, con la fluidez y la rapidez del sistema, todo se siente aún más inmediato, más puro, más arcade. Una pequeña cápsula retro disfrazada de experimento minimalista que, sorprendentemente, funciona muy bien.


Entradas populares de este blog

Analizamos Tank Brawl 2: Armor Fury

Analizamos Wildermyth: Edición para consolas

Analizamos The Addams Family: Mansion Mayhem