City Hunter en PS5 — Acción, estilo y nostalgia a todo gas en un regreso que dispara directo al corazón
City Hunter en PlayStation 5 es de esos juegos que, en cuanto lo arrancas, te suelta un “hola, vengo del 90 pero me he puesto guapo para 2025” y tú dices: vale, me tienes. Es como si hubieran cogido un cartucho viejo, lo hubieran pasado por un spa de nueva generación y lo hubieran mezclado con un maratón del anime. Y en medio de todo eso, ahí está él: Ryo Saeba, el “cleaner” más carismático de Tokio, con su chaqueta, su actitud de tipo duro y ese punto de gamberro que hace que todo lo que pasa a su alrededor sea un espectáculo.
La gracia de este City Hunter es que no se limita a ser un remake perezoso. No es el típico “hemos subido la resolución y arreando”. Aquí hay mimo. Se nota que han querido recuperar el espíritu del original, pero dándole un lavado de cara serio: animaciones nuevas, controles modernos, voces, idiomas para aburrir y una historia que se siente como un capítulo extra largo del anime, con conspiraciones, megacorporaciones chungas y gente con demasiado dinero y muy pocas neuronas. Es como si hubieran dicho: “¿te acuerdas de cuando los juegos eran directos, divertidos y sin mil sistemas encima? Pues toma, pero con esteroides visuales”.
La jugabilidad es puro arcade con traje moderno, pero no un traje cualquiera: uno de esos que te pones y de repente te sientes más guapo, más rápido y más protagonista que nadie. Te mueves por las calles de Tokio como si fueras el dueño del barrio, saltas por azoteas que parecen diseñadas para que te luzcas, te metes en callejones donde claramente no deberías entrar y te cuelas en edificios con más cámaras que un reality show. Todo con un ritmo que no te deja ni pestañear. Ryo dispara, esquiva, se cubre, suelta frases chulas y va limpiando la ciudad a base de plomo, estilo y esa actitud de “sí, soy yo, ¿algún problema?”. No pretende ser un simulador realista ni falta que le hace: aquí vienes a sentirte dentro de un anime de acción, con tiroteos que parecen coreografías, explosiones que iluminan media calle y enemigos que salen de todas partes como si hubiera un 2x1 en matones.
Los tiroteos son rápidos, directos y tan satisfactorios que te sorprendes diciendo “una más y lo dejo” mientras ya estás entrando en otra misión. Apuntas, disparas, ruedas por el suelo como si hubieras hecho un curso intensivo de acrobacias, usas coberturas como si fueran parte de tu ADN y, cuando la barra de especial se llena, sueltas un ataque que hace que todo el mundo sepa quién manda aquí. Y cuando encadenas varias bajas seguidas, te sientes como si estuvieras en la intro del anime, con música épica de fondo aunque no esté sonando. El mando de PS5 pone de su parte: los gatillos adaptativos te dan ese puntito de resistencia que hace que cada disparo se sienta más contundente, las vibraciones marcan explosiones, impactos y momentos clave, y todo tiene ese toque “táctil” que te mete dentro de la escena como si estuvieras ahí, con Ryo, esquivando balas y soltando frases ingeniosas.
La estructura del juego es una mezcla muy bien medida entre misiones principales que te llevan directo al lío y encargos más pequeños que te permiten pasearte por Tokio como si fueras un detective freelance con demasiado estilo. Hay momentos muy lineales, de pasillo puro, donde todo es acción sin descanso, y otros donde puedes respirar un poco, explorar, hablar con personajes secundarios que parecen sacados de un manga, pillar algún coleccionable y empaparte del ambiente. No es un mundo abierto gigantesco, pero tampoco lo necesita: es un escenario variado, lleno de rincones interesantes, que evita que sientas que estás repitiendo el mismo callejón una y otra vez.
Y cuando el juego decide ponerse intenso… se pone de verdad. Persecuciones que te suben las pulsaciones, jefes finales con patrones marcados que te obligan a moverte como si estuvieras bailando breakdance armado, escenas scriptadas que parecen sacadas directamente del anime y momentos en los que la pantalla se llena de enemigos, luces, explosiones y tú ahí, sobreviviendo con estilo. Es un festival, una fiesta de acción donde tú eres el invitado de honor y Ryo es el DJ que no deja que baje el ritmo.
Visualmente, el juego tiene un estilo que mezcla lo moderno con lo retro de una forma tan resultona que parece que alguien metió un VHS del anime en una PS5 y dijo “a ver qué pasa”. No busca hiperrealismo ni falta que le hace: su objetivo es parecer un anime en movimiento, y lo clava con una precisión quirúrgica. Los colores son vibrantes, las luces de la ciudad te iluminan la cara aunque estés en tu salón, los neones te guiñan el ojo como si Tokio entero estuviera coqueteando contigo, y los carteles gigantes te hacen sentir que estás en una versión idealizada de Japón donde todo es más bonito, más exagerado y más cinematográfico. Hasta los coches tienen ese brillo de “soy un extra importante”.
Ryo está animado con un cariño que se nota en cada gesto. Tiene esa forma de moverse que dice “sé que soy el protagonista y me encanta serlo”. Sus poses son puro anime: la mirada ladeada, la sonrisa chula, el giro rápido de muñeca antes de disparar… todo está hecho para que te enamores del personaje aunque ya lo conocieras. Y los enemigos, aunque muchos sean carne de cañón, tienen la suficiente variedad como para que no sientas que estás disparando al mismo primo lejano una y otra vez. Hay matones altos, bajos, musculosos, flacos, con gafas de sol, con traje, con pinta de haber salido de un karaoke… un catálogo de villanos digno de una temporada entera.
Las escenas de historia están tan bien integradas que parecen caramelos entre las partes de acción. No se hacen pesadas, no se alargan más de la cuenta y tienen ese humor ligero que define a City Hunter: un poquito de drama para que te impliques, un poquito de acción para que no te duermas y un poquito de tontería para recordarte que esto es puro entretenimiento. Si conoces el anime, vas a sentirte como en casa: hay guiños, referencias, personajes que aparecen y dices “¡eh, este lo conozco!”, y situaciones que podrían haber salido perfectamente de un episodio clásico. Si no conoces nada de nada, tampoco pasa nada: el juego se entiende igual y simplemente lo vivirás como una aventura de acción con un protagonista que tiene más carisma que muchos héroes modernos.
El sonido es otro punto fuerte, pero fuerte de verdad. La música tiene ese rollo ochentero/noventero modernizado que le queda como anillo al dedo: guitarras eléctricas que te suben la adrenalina, sintetizadores que te transportan a una época donde todo era más exagerado, temas cañeros para las peleas y melodías suaves para los momentos de calma o de historia. No intenta ser épica porque sí; aquí todo va al servicio del estilo, del ritmo, del “esto es City Hunter, relájate y disfruta”. Los efectos de sonido cumplen con creces: disparos que suenan contundentes, explosiones que retumban con cuerpo, golpes que te hacen sentir el impacto. Y las voces… ay, las voces. Tanto en japonés como en otros idiomas, los personajes suenan vivos, expresivos, llenos de personalidad. Ryo suena exactamente como debe sonar: chulo, seguro de sí mismo, con ese punto de canalla simpático que te hace pensar “vale, este tío puede meterse en un lío y salir sonriendo”.
En cuanto al rendimiento en PS5, el juego va tan fino que parece que la consola se ha tomado un café antes de arrancar. Carga rápido, se mueve fluido, responde al instante y no se inmuta ni aunque tengas media docena de enemigos, explosiones, partículas, luces de neón y Ryo haciendo acrobacias como si estuviera en un videoclip. Es de esos juegos que simplemente funcionan, sin dramas técnicos, sin tirones, sin bajones raros. Te sientas, lo enciendes y en cuestión de segundos ya estás disparando en una calle llena de neones como si hubieras nacido para ello. Nada de esperas eternas, nada de menús que parecen laberintos: aquí todo es directo, limpio, rápido y con un ritmo que te invita a seguir jugando sin parar.
Una cosa muy chula —y muy bien hecha— es cómo han tratado el tema de la nostalgia. Podrían haberse limitado a decir “mira, es el juego viejo pero bonito”, pero no, aquí han ido con cariño, con respeto y con ganas de sorprender. Hay detalles, animaciones, poses, frases, incluso pequeños momentos jugables que son guiños directos al original, pero siempre con un toque actual que los hace brillar más. Es como ver un remake de una peli clásica que respeta el material original, pero no tiene miedo de actualizarlo para que luzca espectacular en 2025. Si jugaste al City Hunter de hace décadas, vas a tener momentos de “¡eh, esto me suena!” que te van a sacar una sonrisa. Y si no lo jugaste, simplemente lo disfrutarás como algo nuevo, fresco y con muchísimo estilo.
¿Es perfecto? Pues no, claro, pero es que tampoco lo necesita. Hay momentos en los que se nota que viene de una base muy arcade, que la profundidad jugable no es la de un triple A moderno con mil sistemas encima, y que algunos enemigos son un poco “relleno” de manual. Algunas misiones pueden parecerse entre sí y, si eres de los que buscan experiencias súper complejas, igual se te queda un pelín corto. Pero es que ese no es su objetivo. Este juego viene a darte acción directa, estilo, carisma y un rato de diversión sin complicaciones. Y en eso, no solo cumple: brilla. Es el típico título que te recuerda por qué te gustan los videojuegos: porque te lo pasas bien, sin más.
La desarrolladora City Connection es la que se ha encargado de resucitar City Hunter con un cariño que se nota en cada esquina del juego. Esta gente no se ha limitado a darle una manita de pintura: han cogido el espíritu del original, lo han pulido, lo han modernizado y lo han dejado tan brillante que parece recién salido de un estudio de animación. Se nota que conocen el material, que lo respetan y que querían que los fans —y los que llegan nuevos— se encontraran con algo que se siente clásico pero a la vez totalmente actual. Es ese tipo de estudio que trabaja con mimo, con detalle y con una sonrisa maliciosa, como diciendo “espera a ver este guiño que te hemos escondido”.
Por su parte, la distribuidora Red Art Games ha sido la encargada de poner este caramelito en las manos del público, y lo ha hecho con la misma energía positiva que transmite el juego. Han apostado por un título que mezcla nostalgia, acción y estilo, y lo han llevado a PS5 con una presentación impecable. Gracias a ellos, este City Hunter renovado no se ha quedado como un capricho para fans hardcore, sino como un lanzamiento accesible, visible y listo para que cualquiera pueda disfrutarlo sin complicaciones. Es de esas distribuidoras que saben reconocer un proyecto con personalidad y decir: “esto merece llegar lejos”.
En resumen, City Hunter en PS5 es como quedar con un colega de la infancia que ahora va vestido mejor, huele mejor y tiene historias nuevas que contar, pero sigue siendo el mismo gamberro encantador de siempre. Es rápido, es divertido, tiene personalidad, respira anime por todos lados y te deja con esa sensación de “venga, una misión más y lo dejo” que todos sabemos que es mentira. Si te gusta el personaje, es casi obligatorio. Y si no lo conocías, es una excusa perfecta para entrar en su mundo a lo grande, a tiros, con neones de fondo y una sonrisa en la cara.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:









