Planet of Lana II en PS5 con una aventura más viva, más colorida y más encantadora que nunca.
Planet of Lana II en PlayStation 5 es como volver a un planeta que ya conocías… pero esta vez con la sensación de que alguien ha encendido todas las luces, ha puesto música más alegre y ha decidido que la aventura debía ser más grande, más luminosa y muchísimo más divertida. La secuela mantiene ese toque poético del original, pero ahora se permite sonreír más, jugar más, sorprender más. Y eso se nota desde el primer minuto.
La historia arranca con Lana ya crecida, más segura, más decidida, pero sin perder ese punto de curiosidad que la convierte en una protagonista tan fácil de querer. El mundo sigue marcado por las máquinas invasoras, sí, pero ahora la narrativa tiene un tono más optimista, como si el planeta estuviera intentando sanar y Lana fuese parte activa de esa recuperación. La relación con Mui vuelve a ser el motor emocional, pero ahora está llena de momentos más cálidos, más cómicos, más “vale, estos dos son inseparables y me encanta verlos juntos”. Hay escenas que directamente parecen pequeñas películas animadas llenas de encanto.
El tipo de juego sigue siendo una aventura de plataformas y puzles en 2.5D, pero la secuela se nota más juguetona. Los puzles son más creativos, las mecánicas cooperativas entre Lana y Mui están mejor integradas y hay situaciones que te arrancan una sonrisa por pura ocurrencia. La sensación general es que Wishfully ha querido que el jugador disfrute, que experimente, que se sorprenda con soluciones ingeniosas sin caer en la frustración. La variedad de situaciones es mayor: momentos de sigilo, otros de exploración tranquila, otros más dinámicos que parecen pequeñas set piezas cinematográficas. Todo fluye con un ritmo más alegre, más vivo.
Los personajes mantienen ese estilo minimalista tan característico del estudio, pero ahora transmiten más expresividad, más humor, más humanidad. Lana tiene gestos más cálidos, más espontáneos. Mui es directamente un festival: salta, corre, se esconde, te mira como diciendo “¿en serio vas a hacer eso?” y aporta un toque de humor que equilibra perfectamente los momentos más tensos. Las nuevas criaturas del planeta también tienen un diseño más variado y, en muchos casos, más simpático, como si el mundo quisiera recordarte que no todo es peligro y misterio.
El planeta en sí es una maravilla, pero cuando empiezas a recorrerlo con calma te das cuenta de que no es solo bonito: es un lugar que parece diseñado para que cada rincón te provoque una reacción distinta. Wishfully vuelve a demostrar que su talento artístico es enorme, pero esta vez se nota más color, más vida, más contraste, como si el mundo hubiera despertado después de una larga noche. Los bosques parecen sacados de un cuento ilustrado, con hojas que se mueven al ritmo del viento y criaturas diminutas que se asoman entre las raíces solo para desaparecer cuando te acercas. Las playas brillan con luz propia, con un mar que refleja tonos imposibles y arenas que cambian de textura según la zona, invitándote a caminar sin prisa solo para ver qué hay más adelante.
Las ruinas cuentan historias sin necesidad de palabras: estructuras antiguas cubiertas de vegetación, restos de civilizaciones que parecen haber convivido con la naturaleza en lugar de dominarla, y pequeños detalles —inscripciones, mecanismos, símbolos— que te hacen sentir que estás desenterrando un pasado que todavía respira. Luego están las zonas donde la naturaleza y la tecnología chocan de formas visualmente espectaculares: raíces gigantes abrazando torres metálicas, cables que serpentean como si fueran enredaderas, máquinas semienterradas que emiten pulsos de luz como si fuesen criaturas dormidas.
Y es que la exploración transmite esa mezcla deliciosa de aventura y descubrimiento que te invita a detenerte solo para mirar. Hay valles que se abren de repente como si el planeta quisiera presumir, cuevas que esconden ecos misteriosos, acantilados que ofrecen vistas que parecen pinturas en movimiento y pequeños rincones secretos que recompensan la curiosidad con detalles encantadores. Todo está construido para que sientas que formas parte de un mundo vivo, cambiante, lleno de sorpresas, un lugar donde cada paso puede llevarte a algo hermoso, extraño o simplemente divertido.
Los gráficos en PlayStation 5 lucen especialmente bien, pero lo interesante es cómo lucen: no es solo una cuestión de resolución o potencia, sino de sensibilidad artística. La estética pictórica del juego se ve más nítida, más fluida, más detallada, como si cada pincelada digital hubiera sido repasada para que brillara un poco más. Los colores tienen una viveza que hace que los escenarios respiren, las texturas parecen más orgánicas y la profundidad de campo aporta una sensación de escala que realza cada paisaje. Las animaciones de Lana y Mui son más suaves, más expresivas, con pequeños gestos —miradas, inclinaciones de cabeza, cambios de postura— que transmiten emociones sin necesidad de palabras. La iluminación aporta una calidez que hace que cada escenario parezca una ilustración en movimiento, con atardeceres que bañan el entorno en tonos dorados, noches que brillan con bioluminiscencia y zonas tecnológicas que emiten destellos fríos que contrastan con la naturaleza. No busca realismo, busca belleza, y lo consigue con una personalidad visual que destaca entre cualquier catálogo, como si el juego estuviera orgulloso de ser una obra de arte interactiva.
El sonido es otro de los grandes aciertos, y no solo como acompañamiento, sino como parte esencial de la experiencia. La banda sonora mantiene ese toque delicado y emocional, pero ahora incorpora melodías más luminosas, más aventureras, que acompañan perfectamente el tono más positivo de la secuela. Hay temas que te envuelven con suavidad mientras exploras y otros que estallan con energía cuando la historia lo pide, siempre con un equilibrio precioso entre emoción y ligereza. Los efectos sonoros están cuidados al detalle: el viento entre los árboles tiene matices distintos según el bioma, los pasos sobre la arena suenan suaves y granulados, las máquinas emiten zumbidos que mezclan misterio y amenaza, y las criaturas del planeta producen sonidos curiosos, casi juguetones, que aportan vida al entorno. Todo contribuye a una atmósfera envolvente y encantadora, donde cada ruido parece colocado para reforzar la sensación de estar dentro de un mundo vivo, cálido y lleno de personalidad.
Wishfully, el estudio responsable, demuestra una evolución clarísima. Siguen siendo un equipo pequeño con alma de artesanos, pero ahora se les nota más seguros, más ambiciosos, más dispuestos a jugar con su propio universo. Su estilo artístico sigue siendo su sello, pero la secuela muestra que también saben crecer sin perder identidad. Thunderful Publishing, la distribuidora, continúa apostando por proyectos con personalidad, y Planet of Lana II es un ejemplo perfecto de cómo apoyar una visión artística puede dar como resultado una experiencia memorable.
El conjunto final es una aventura que emociona, que divierte, que sorprende y que deja una sensación cálida cuando termina. Es una secuela que respeta el espíritu del original, pero que se atreve a ser más colorida, más viva y más optimista. Un viaje precioso que te invita a sonreír mientras exploras un mundo que, pese a sus peligros, rebosa vida y esperanza.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:







