⭕⭕⭕Thunder Hoop Collection (QUByte Classics) - Dos joyas del arcade español en una misma colección

Thunder Hoop Collection (QUByte Classics) llega a Nintendo Switch con la intención de rescatar dos pequeñas piezas de la historia del arcade español: Thunder Hoop, publicado originalmente en 1992, y su continuación, TH Strikes Back, lanzada en 1994. Son dos juegos que comparten universo, protagonista y una peculiar ambientación de ciencia ficción y experimentos genéticos, pero que también muestran una evolución bastante evidente entre una entrega y otra. La recopilación no intenta convertirlos en algo que nunca fueron ni añadirles capas innecesarias de contenido moderno. Su propuesta es mucho más sencilla: conservar la esencia de dos recreativas de acción de los noventa y añadir las comodidades necesarias para que disfrutarlas hoy no se convierta en una prueba de paciencia. En Nintendo Switch, además, encajan especialmente bien gracias a la posibilidad de jugar tanto en televisión como en modo portátil o sobremesa. La edición ocupa aproximadamente 487 MB, admite de uno a dos jugadores en una misma consola y ofrece guardado en la nube mediante Nintendo Switch Online.


El punto de partida de Thunder Hoop es tan sencillo como efectivo. El profesor Genbreak ha creado un ejército de criaturas genéticamente modificadas que se han descontrolado y la humanidad tiene un pequeño problema entre manos. La solución pasa por un héroe creado mediante bioingeniería que debe introducirse en este auténtico caos de experimentos, monstruos y trampas para acabar con la amenaza. La historia es deliberadamente sencilla y tiene ese aroma inconfundible de las recreativas de principios de los noventa, donde la trama era más una excusa para ponernos delante de la pantalla que un elemento alrededor del cual girase toda la experiencia. Thunder Hoop fue lanzado originalmente en junio de 1992 y planteaba una aventura de acción y plataformas en dos dimensiones. Tenemos que recorrer escenarios repletos de enemigos, utilizar escaleras, saltar entre plataformas, superar obstáculos y enfrentarnos al jefe correspondiente al final de cada zona.


Es precisamente cuando empezamos a jugar es cuando mejor se entiende qué hacía especial a Thunder Hoop. No estamos ante un plataformas que busque ofrecer una precisión milimétrica, sino ante una experiencia mucho más directa. El personaje avanza por escenarios de desplazamiento lateral, salta, dispara, sube y baja escaleras y acaba con los enemigos que aparecen por el camino. Todo ocurre con bastante rapidez y el diseño está pensado para que permanezcamos constantemente pendientes de lo que sucede delante de nosotros. En algunos momentos hay que calcular bien un salto, en otros conviene eliminar primero a determinados enemigos antes de continuar y también hay situaciones en las que resulta más importante aprender cómo funciona un obstáculo que simplemente lanzarse hacia delante. Es una estructura muy arcade: al principio podemos avanzar con relativa facilidad, pero poco a poco aparecen situaciones en las que conocer los patrones y saber cuándo atacar o esperar resulta fundamental. Es esa filosofía de jugar, morir, aprender y volver a intentarlo que definía a muchas recreativas de la época y que sigue formando parte de la personalidad de Thunder Hoop.


El diseño visual también ayuda muchísimo a que Thunder Hoop tenga una identidad propia. Es un juego completamente hijo de su época, pero eso no significa que haya envejecido sin gracia. Los personajes son grandes, coloridos y exagerados, los enemigos tienen diseños bastante particulares y los escenarios combinan laboratorios, instalaciones y zonas infestadas de criaturas mutantes. El protagonista tiene además una estética que recuerda inevitablemente al anime y al manga que tanta influencia tenía en los videojuegos de acción de aquella época. Thunder Hoop funcionaba con una resolución de 320 × 240 píxeles y una paleta de hasta 1024 colores, datos que explican ese carácter tan marcado de recreativa noventera. Y aquí la colección acierta al no intentar «arreglar» artificialmente el apartado visual. Los filtros CRT y de televisión clásica ayudan a recuperar esa imagen ligeramente suavizada de las antiguas pantallas, aunque también podemos prescindir de ellos si preferimos una imagen más limpia. El sonido sigue exactamente la misma filosofía: los efectos son sencillos y contundentes, con disparos, golpes, explosiones y toda clase de efectos destinados a reforzar la acción. No pretende competir con una producción actual, ni lo necesita. Su función es acompañar la partida y mantener ese carácter reconocible de recreativa. Intentar modernizar la música o sustituir los efectos originales habría eliminado buena parte de su encanto.


Dos años después llegaría TH Strikes Back, y aquí la recopilación se vuelve mucho más interesante porque podemos comprobar cómo evolucionó la fórmula en relativamente poco tiempo. La continuación apareció en 1994 y, aunque mantiene el universo de Thunder Hoop y vuelve a enfrentarnos a criaturas mutantes, cambia bastante el planteamiento jugable. Si el primer juego era principalmente un título de acción y plataformas, TH Strikes Back se acerca mucho más al género run and gun. El protagonista regresa convertido en una versión adulta y mucho más musculosa de sí mismo y la sensación general es bastante más agresiva. Ya no se trata únicamente de avanzar por plataformas y superar obstáculos: disparar constantemente, aprovechar las armas disponibles y reaccionar rápidamente ante las oleadas de enemigos adquiere mucho más peso. En este caso vamos a notar una nueva características que es el uso de tres botones y ante todo la posibilidad de dos jugadores simultáneos.



Este cambio hacia el run and gun le sienta bastante bien a la segunda entrega. La acción es más directa y explosiva, y avanzar, disparar, recoger potenciadores y enfrentarse a enemigos cada vez más numerosos se convierte en el núcleo de la experiencia. Los potenciadores de armas tienen un papel importante y permiten afrontar determinadas situaciones con mayores garantías. El diseño sigue siendo muy arcade y conocer los escenarios continúa siendo fundamental, pero las dos entregas se sienten suficientemente diferentes como para que la colección tenga sentido. La posibilidad de jugar con otra persona es, probablemente, uno de los aspectos que más vida puede darle a la colección en Nintendo Switch. TH Strikes Back fue concebido para dos jugadores y esta versión permite disfrutar del multijugador local, tanto de forma cooperativa simultánea como mediante partidas por turnos. Es una experiencia sencilla, sin grandes complicaciones, pero precisamente por eso funciona: sentarse con otra persona, empezar una partida y tratar de llegar juntos lo más lejos posible recupera una parte importante de lo que significaba compartir una máquina arcade.


Nintendo Switch es probablemente uno de los formatos que mejor encajan con este tipo de juegos. Se controlan de manera cómoda, las partidas son rápidas y podemos pasar de jugar en televisión a hacerlo en portátil en cuestión de segundos. En portátil resultan especialmente apropiados para echar una partida corta, mientras que en sobremesa o con la consola conectada al televisor podemos disfrutar mejor de los filtros CRT y, sobre todo, compartir TH Strikes Back con otra persona. Incluso con un Joy-Con cada uno, la experiencia mantiene esa sencillez de la recreativa original. A todo esto se suman las funciones modernas de la recopilación. En una recreativa original, perder una vida significaba asumir las consecuencias y, cuando se terminaban todas, había que introducir otro crédito para continuar "mas dinero". Aquí tenemos rebobinado y estados de guardado, dos herramientas que cambian considerablemente la accesibilidad de estos clásicos. Con el rebobinado podemos volver unos segundos atrás después de cometer un error, mientras que los estados de guardado permiten conservar nuestro progreso y recuperarlo cuando queramos. Para los jugadores más puristas quizá sean funciones que prefieran ignorar, pero para cualquiera que quiera descubrir estos títulos sin repetir constantemente las primeras fases son incorporaciones tremendamente prácticas. Lo importante es que son opcionales: podemos utilizarlas para facilitar la experiencia o prescindir completamente de ellas y jugar de una forma mucho más cercana a la recreativa original.


La colección también consigue que Thunder Hoop tenga una segunda vida gracias a su contexto histórico. Hoy estamos acostumbrados a que los videojuegos españoles tengan presencia internacional, pero a principios de los noventa la producción nacional de recreativas tenía que abrirse camino en un mercado dominado por compañías japonesas y estadounidenses. Gaelco desarrolló en aquellos años varias propuestas arcade y Thunder Hoop forma parte de esa etapa. Recuperarlo permite descubrir una faceta de aquella industria que, con el paso del tiempo, ha quedado bastante más escondida que otras producciones españolas de PC o consola. También resulta curioso comprobar cómo TH Strikes Back lleva hasta el extremo algunos rasgos estéticos propios de los noventa. El protagonista es mucho más musculoso, los enemigos son más exagerados y determinadas imágenes tienen ese punto de exceso visual tan habitual en las recreativas de la época. La propia ficha oficial advierte de la presencia de sangre, violencia, temas sugerentes y desnudez parcial, especialmente relacionada con algunos enemigos y uno de los jefes de la segunda entrega. No afecta a la estructura jugable, pero sí forma parte de la estética del juego y conviene tenerlo presente.



Thunder Hoop Collection (QUByte Classics) no pretende competir con los grandes recopilatorios retro que incluyen decenas de juegos, galerías, entrevistas y todo tipo de extras. Aquí la propuesta es mucho más concreta: dos juegos, dos momentos diferentes de una misma saga y una serie de herramientas modernas para que resulte más cómodo disfrutarlos actualmente. Y aunque la cantidad de contenido pueda parecer limitada, también hay que recordar que estamos ante dos recreativas cuyo diseño original no estaba pensado para ofrecer campañas de veinte o treinta horas. El objetivo era que cada partida fuese intensa, que aprendiéramos poco a poco y que siempre quisiéramos llegar un poco más lejos. Lo más interesante es que los dos juegos se complementan bastante bien. El primero permite descubrir la fórmula original, con mayor peso de las plataformas, los saltos, las escaleras y el recorrido por escenarios llenos de peligros. El segundo toma esa base y la transforma en una experiencia mucho más orientada al disparo, con mayor protagonismo de las armas, un ritmo más agresivo y la posibilidad de jugar con dos personas simultáneamente. No son simplemente dos juegos casi idénticos que comparten nombre, sino dos versiones de una misma idea que permiten comprobar cómo podía evolucionar una recreativa en apenas un par de años.


Eso sí, hay que acercarse a Thunder Hoop Collection sabiendo perfectamente qué se está comprando. Aquí tenemos pixel art de los noventa, animaciones propias del hardware arcade, dificultad de la vieja escuela, estructuras de niveles lineales y una filosofía de diseño basada en jugar, morir, aprender y volver a intentarlo. Las herramientas de rebobinado y guardado suavizan considerablemente la experiencia, pero no cambian la naturaleza de los títulos. Y precisamente ahí está buena parte de su encanto. Thunder Hoop no necesita fingir que es un juego moderno para resultar interesante. Sus personajes grandes, sus criaturas mutantes, sus escenarios llenos de color y su estética de ciencia ficción tienen personalidad suficiente para sostenerlo por sí mismos. El segundo juego, además, tiene ese punto de exageración tan propio de los noventa que hace que algunas de sus imágenes se queden fácilmente en la memoria.


En resumen, Thunder Hoop Collection (QUByte Classics) es una propuesta sencilla pero honesta. Dos recreativas, dos maneras de entender la acción y una buena cantidad de personalidad. Thunder Hoop ofrece una aventura de acción y plataformas con una ambientación de ciencia ficción bastante peculiar, mientras que TH Strikes Back apuesta por un ritmo mucho más frenético y orientado al disparo, especialmente cuando entran en juego los dos jugadores. Los gráficos pixelados, los efectos de sonido, los enemigos mutantes, los jefes gigantes y ese particular estilo visual nos devuelven directamente a los salones recreativos de principios de los noventa, mientras que las funciones de rebobinado, guardado y los filtros de imagen hacen que el salto hasta una consola actual sea mucho menos brusco. 


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento: