Caos, gritos y arroz quemado: Overcooked! 2 vuelve más salvaje que nunca en la Nintendo Switch 2

Jugar a Overcooked! 2 – Nintendo Switch™ 2 Edition es como aceptar un trabajo en un restaurante dirigido por un pulpo hiperactivo, un chef con exceso de cafeína y un diseñador de niveles que claramente disfruta viendo cómo pierdes la paciencia. Esta edición para Switch 2 no solo mejora lo que ya era un festival de caos: lo convierte en un parque temático de estrés cómico donde cada nivel parece diseñado por alguien que dijo “¿y si hacemos sufrir a los jugadores… pero con amor?”.

Los niveles son una absoluta locura. Tienes cocinas que se mueven como si estuvieran vivas, cocinas que se parten en dos como si fueran un divorcio mal llevado, cocinas que vuelan, cocinas que se incendian, cocinas que se hunden, cocinas que cambian de forma a mitad de partida como si estuvieran pasando por una crisis existencial. Un minuto estás preparando ramen tranquilamente y al siguiente estás en una plataforma flotante que se balancea como si hubiera bebido demasiado sake. Y tú ahí, intentando cortar cebollas sin cortarte la dignidad.

La jugabilidad es tan frenética que debería venir con un aviso de “no apto para personas que creen que tienen todo bajo control”. En Switch 2 se siente más suave, más rápida, más precisa… lo cual es genial, porque necesitarás cada milisegundo para no quemar la cocina por accidente. Cortar, cocinar, lavar platos, lanzar ingredientes como si fueras un ninja culinario, esquivar a tus compañeros porque siempre están en el sitio equivocado… todo fluye con una precisión que hace que el caos sea aún más glorioso.

Y sí, es super divertido. Divertidísimo. De esos juegos que te hacen reír incluso cuando estás fallando estrepitosamente, cuando la cocina está ardiendo, cuando el arroz está carbonizado y cuando tu amigo insiste en que “él no fue” mientras sostiene una sartén en llamas. Es ese tipo de diversión que te agarra por los mofletes y te dice: “Venga, sonríe, que esto solo va a empeorar”.

Es de esos juegos que convierten un simple “pásame el arroz” en una escena digna de una telenovela dramática, con música intensa, miradas acusadoras y alguien gritando “¡TRAICIÓN!” porque le lanzaste un pepino a la cabeza sin querer. De esos que te hacen gritar “¡NOOOO, EL ARROZ!” como si fuera una tragedia griega, como si Zeus mismo hubiera bajado del Olimpo a quemarte la olla. En Overcooked! 2, cada fallo es una epopeya, cada plato quemado es una tragedia nacional y cada éxito es una fiesta patronal.

Es un juego que convierte el estrés en comedia, el desastre en celebración y los errores en anécdotas que recordarás durante semanas. Porque aquí no existe el silencio: existe el caos. Existe el momento en el que todos corréis en círculos porque nadie sabe dónde está la sartén. Existe el instante en el que alguien lanza un tomate al vacío porque pensó que era una tabla de cortar. Existe la risa nerviosa cuando todo sale mal y aun así seguís jugando, porque el caos es adictivo.

Y lo mejor es que, cuando termina la partida, no te acuerdas de los fallos: te acuerdas de las carcajadas, de los gritos, de los “¡QUÍTATE DE EN MEDIO!” y de los “¡PERO QUIÉN HA PUESTO ESTO AQUÍ!”. Te acuerdas de que, por un momento, estabas en una cocina imposible, luchando contra el tiempo, contra el fuego y contra la incompetencia colectiva… y te lo estabas pasando como nunca.

El multijugador es una experiencia espiritual, pero no de las tranquilas: es más bien una especie de retiro emocional donde, en vez de meditar, lanzas pepinos a la cara de tus amigos mientras gritas “¡QUE SE QUEMA EL ARROZ!”. Jugar con amigos es como entrar en una relación de confianza extrema, casi un pacto sagrado. Te vas a enfadar, te vas a reír, vas a acusar a alguien de quemar la cocina, vas a pedir perdón, vas a volver a gritar, vas a jurar que nunca más jugarás con esa persona… y cinco minutos después estarás rogándole que vuelva a conectarse porque “esta vez sí que lo hacemos perfecto”.

Es una montaña rusa emocional donde cada plato entregado es una victoria épica y cada fallo es una tragedia digna de Shakespeare. Hay momentos en los que todos habláis a la vez, nadie escucha a nadie, los ingredientes vuelan como si la cocina fuera un tifón y, aun así, de alguna manera milagrosa, el plato sale a tiempo. Y entonces os abrazáis, virtual o físicamente, celebrando haber sacado una sopa que, en la vida real, tardarías tres minutos en hacer. Es hermoso. Es caótico. Es terapia de grupo disfrazada de videojuego, pero terapia de la buena, de la que te deja con agujetas de tanto reír.

La Switch 2 Edition añade mejoras visuales que hacen que todo este desastre culinario se vea precioso, como si el caos tuviera iluminación profesional. Los tiempos de carga duran menos que un suspiro, lo cual es perfecto porque no tienes ni un segundo para respirar entre nivel y nivel. Y la estabilidad es tan sólida que incluso los escenarios más absurdos —los que se mueven, se rompen, se incendian, se teletransportan o deciden girar como una lavadora poseída— se sienten suaves como mantequilla derritiéndose en una sartén caliente.

Es la versión definitiva para jugar en cualquier parte: en el sofá, en el tren, en la cama, en la cola del supermercado… aunque cuidado, porque podrías empezar a gritar “¡NECESITO LECHUGA!” en voz alta y la gente te mirará como si estuvieras preparando una ensalada de emergencia. Y quizá lo estés. Con este juego, nunca se sabe.

En resumen, Overcooked! 2 – Nintendo Switch™ 2 Edition es un festival de diversión pura, un caos delicioso, un desmadre culinario que te hace reír, sudar y querer jugar otra partida aunque estés agotado. Es un juego que no pretende ser serio, ni profundo, ni calmado. Pretende ser divertido. Y lo es. Muchísimo.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



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