Vampire Therapist en PS5: el único juego donde los vampiros no muerden… pero te cuentan sus traumas eternos
Vampire Therapist en PlayStation 5 es básicamente la prueba definitiva de que alguien, en algún despacho, dijo: “¿Y si mezclamos terapia, vampiros y humor absurdo… y lo lanzamos como si fuera lo más normal del mundo?”. Y claro, salió esto: una experiencia tan rara que al principio te ríes por incredulidad y luego te ríes porque, sorprendentemente, te lo estás pasando demasiado bien escuchando a un chupasangre que lleva 300 años enfadado porque un monje medieval le dijo que tenía “mal aura”. Pero es que cuanto más avanzas, más te das cuenta de que este juego es como una sesión de terapia para ti también: empiezas riéndote del vampiro y acabas pensando “pues mira, igual yo también tengo mis cositas del siglo pasado”.
En PS5 el juego va finísimo, como si estuviera recién afilado por un vampiro barbero. No necesita potencia para mover castillos góticos ni hordas de criaturas, pero aun así se ve bonito, suave y con ese estilo visual que parece decirte: “relájate, hoy no vienes a salvar el mundo, vienes a escuchar dramas inmortales”. Es un juego que te invita a sentarte, respirar y asumir que tu mayor reto del día será lidiar con un vampiro que está atravesando una crisis existencial porque la gente ya no usa capas con estilo. Y el mando, por cierto, vibra lo justo para que sientas que estás tomando notas como un profesional, como si estuvieras apuntando: “Paciente presenta síntomas de haber vivido demasiados siglos y cero ganas de modernizarse”.
La magia está en las conversaciones, que son el corazón, el alma y los colmillos del juego. Es como meterte en una sesión de terapia donde tú intentas ser serio, pero los pacientes son seres eternos con problemas que van desde “no supero a mi ex del siglo XVII” hasta “la modernidad me da ansiedad porque la gente ya no teme a los vampiros, ahora solo temen a los spoilers”. Y tú ahí, intentando mantener la compostura mientras eliges respuestas que pueden ir desde lo sensato hasta lo que cualquier terapeuta real consideraría motivo para retirarte la licencia. Hay momentos en los que te sientes un auténtico profesional de la salud mental y otros en los que piensas: “si este vampiro me vuelve a hablar de su trauma con los selfies, me levanto y me voy”.
Pero lo mejor es que el juego no se toma demasiado en serio a sí mismo. Te lanza situaciones tan absurdas que acabas entrando en su juego sin darte cuenta. Un vampiro que no supera que inventaran la luz eléctrica. Otro que está convencido de que su reflejo no aparece en los espejos porque tiene baja autoestima. Y tú, con toda la paciencia del mundo, intentando que estos seres inmortales entiendan que quizá, solo quizá, parte de sus problemas no vienen de ser vampiros, sino de ser un poco intensos.
Es un caos maravilloso, una mezcla de humor, drama y surrealismo que te atrapa sin que te des cuenta. Y lo mejor es que, cuanto más hablas con ellos, más cariño les coges. Porque sí, son vampiros, pero también son un desastre emocional… y eso los hace sorprendentemente humanos.
La desarrolladora, Little Bat Games, es de esas que parecen haber nacido para hacer juegos que nadie más se atrevería a hacer. No buscan ser gigantes, buscan ser diferentes, y vaya si lo consiguen. Se nota que han puesto cariño, humor y probablemente muchas conversaciones internas del tipo “¿esto es demasiado raro?” seguidas de un “da igual, déjalo así”. Y gracias a eso el juego tiene personalidad, chispa y ese encanto de proyecto hecho con ganas de divertir.
Y luego está Ultimate Games, la distribuidora, que es básicamente la madrina de los juegos peculiares. Si existe un título extraño, experimental o directamente inclasificable, es muy probable que ellos estén detrás diciendo: “sí, claro, lo publicamos, ¿por qué no?”. Y aquí encajan como si hubieran nacido para ello. Vampire Therapist es exactamente el tipo de rareza que ellos saben mover: algo que no sigue ninguna moda, pero que te atrapa porque es distinto a todo lo demás.
La versión de PS5 te deja con esa sensación rarísima —pero maravillosa— de estar jugando algo que no sabías que te hacía falta en la vida. Es como cuando pruebas un plato nuevo sin mucha fe y de repente dices “¿pero cómo he vivido sin esto?”. Te ríes, te sorprendes, te encariñas con vampiros que tienen más problemas emocionales que colmillos, y cuando te das cuenta llevas horas ahí, escuchando confesiones eternas mientras piensas que igual tú también deberías ir a terapia, pero de momento te conformas con hacer de terapeuta para criaturas inmortales que se quejan de cosas como “la eternidad es muy larga” o “la gente ya no respeta los castillos”. Y tú, tan tranquilo, tomando notas imaginarias como si fueras el Freud de los no-muertos.
Es un juego que no pretende ser épico, ni intenso, ni revolucionario. No quiere cambiar el mundo ni redefinir géneros. Quiere hacerte reír, hacerte sentir cómodo y regalarte un rato de humor absurdo que te entra como un abrazo raro pero sincero. Y lo consigue con una facilidad insultante. Tiene ese encanto de las ideas que nacen en una noche de brainstorming con demasiado café, cero filtros y un “¿y si…?” que se les fue de las manos. Y bendito sea que se les fue de las manos, porque el resultado es una joyita que te atrapa sin que te des cuenta.
Si te gustan las historias con humor, los diálogos ingeniosos y los juegos que parecen creados por alguien que dijo “vamos a divertirnos y ya veremos qué pasa”, este te va a entrar como si fueras tú el vampiro y él la vena perfecta. Es de esos títulos que no buscan impresionarte con explosiones ni gráficos de infarto, sino con personalidad, chispa y un sentido del humor tan peculiar que acabas pensando que ojalá más juegos se atrevieran a ser así de descaradamente diferentes.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:





