👹🎨 Gobliiins Collection: caos retro, humor absurdo y magia portátil en Switch

Gobliiins Collection en Switch es como abrir una cápsula del tiempo y encontrarte con un tipo de videojuego que ya casi no existe: pura interactividad, humor absurdo, lógica retorcida y ese encanto artesanal que definió los primeros años de las aventuras gráficas. Es un regreso a una época donde cada pantalla era un rompecabezas, cada personaje una herramienta, y cada solución un pequeño triunfo que te hacía sentir más listo de lo que realmente eras. Aquí, esa esencia se conserva intacta, pero con la comodidad moderna de la consola: controles precisos, portabilidad total y la posibilidad de jugar en sesiones cortas sin perder el hilo.

La colección reúne los tres Gobliiins clásicos, y cada uno mantiene su identidad con una personalidad tan marcada que casi parecen tres formas distintas de entender el caos. El primero es el más “puro”, el más salvaje, el más experimental: tres goblins con habilidades completamente diferentes que funcionan como engranajes de una máquina absurda. Uno golpea cosas con una torpeza deliciosa, otro manipula objetos con una lógica que desafía cualquier manual, y el tercero lanza magia que puede provocar desde soluciones brillantes hasta catástrofes cómicas. Cada pantalla es un pequeño teatro surrealista donde las reglas del mundo parecen escritas por un guionista con exceso de imaginación. La diversión está en descubrir cómo interactúan con el entorno, cómo reaccionan a cada elemento, cómo sus acciones desencadenan efectos inesperados que te obligan a replantear todo. Es un juego que te enseña a pensar de lado, a probar lo improbable, a reírte de tus propios fallos y a celebrar cada pequeño avance como si fuera un triunfo épico.

El segundo juego reduce el grupo a dos personajes, y ese cambio lo vuelve más teatral, más íntimo, más centrado. Las pantallas parecen pequeñas obras de comedia muda donde cada goblin tiene un rol más marcado, más definido, más expresivo. La interacción entre ambos se vuelve el núcleo de los puzles: uno actúa, el otro reacciona, y tú debes entender cómo se complementan, cómo se contradicen, cómo se necesitan. Los puzles ganan en claridad sin perder el caos característico, y el ritmo se vuelve más ágil, más directo, como si el juego quisiera que te concentraras en la dinámica entre los dos protagonistas y en la forma en que sus habilidades se entrelazan. Aquí cada acción tiene un peso mayor, cada error es más evidente, cada acierto más satisfactorio. Es como ver a dos actores improvisando en un escenario lleno de trampas.

El fin de esta triologia apuesta por un solo protagonista, pero compensa con escenarios más elaborados, más narrativos, más llenos de detalles que parecen guiños a los jugadores veteranos. La estructura se acerca más a una aventura gráfica clásica, con una progresión más marcada y un mundo que se siente más cohesionado. Sin embargo, la esencia sigue intacta: observar, probar, equivocarte, reírte, volver a probar y finalmente acertar. Esa secuencia es el ADN de Gobliiins, y en Switch se siente tan fresca como en su época original. Es como si el juego te dijera: “No importa cuántos años hayan pasado, el caos sigue siendo divertido”.


La interactividad es el corazón del juego, y aquí brilla con una fuerza que pocas aventuras modernas conservan. Cada pantalla es un pequeño laboratorio de caos donde nada funciona como esperas. Palancas que activan mecanismos ridículos, criaturas que reaccionan con expresiones exageradas, objetos que parecen inútiles hasta que descubres su propósito oculto, animaciones que te recompensan con humor cada vez que fallas. Gobliiins siempre fue un juego que celebraba el error: equivocarte no es un castigo, es parte de la experiencia. Cada fallo revela información, abre posibilidades, te invita a experimentar sin miedo. Esa filosofía se mantiene intacta en Switch, donde la precisión del control y la rapidez de respuesta hacen que probar ideas sea cómodo, fluido y natural. Es un juego que te anima a tocarlo todo, a intentar lo imposible, a descubrir soluciones que parecen más fruto de la intuición que de la lógica tradicional. Aquí, fallar es divertido, y acertar es glorioso.

El humor es otro pilar fundamental, y es un humor que no envejece porque no depende de palabras, sino de gestos, de expresiones, de comedia física. Los goblins no hablan, pero se expresan con una riqueza gestual que hoy sigue siendo deliciosa: gritos, saltos, caras de frustración, celebraciones ridículas, movimientos exagerados que convierten cada puzzle en una pequeña escena de slapstick. Cada solución desencadena una animación absurda, cada interacción parece diseñada para arrancarte una sonrisa, cada error es una oportunidad para ver a los personajes reaccionar de formas inesperadas. Es un humor muy de los 90: simple, visual, directo, encantador. Y funciona igual de bien hoy porque la colección no intenta modernizarlo, sino preservarlo con respeto. Esa fidelidad al estilo original es lo que hace que Gobliiins Collection se sienta como un tesoro retro: intacto, auténtico, lleno de personalidad, como una cinta VHS que sigue funcionando perfectamente décadas después.

Visualmente, la colección mantiene el estilo retro original con una fidelidad casi romántica: escenarios dibujados a mano que parecen sacados de un cuaderno de ilustraciones de los 90, colores vivos que resaltan cada elemento del entorno, personajes caricaturescos que se mueven con esa torpeza encantadora tan propia de la época, y animaciones cortas pero expresivas que transmiten humor incluso cuando solo estás abriendo una puerta o pulsando una palanca. En Switch se ven nítidos, limpios, sin perder ese toque artesanal que los hace únicos. No hay filtros modernos, no hay retoques excesivos: es el mismo Gobliiins que recordabas, pero con la claridad de una pantalla actual. El sonido acompaña con efectos simples, casi cómicos, que refuerzan la personalidad de cada acción: golpes que suenan como martillazos de juguete, gruñidos exagerados, chasquidos, risas, pequeños estallidos mágicos. Las melodías evocan la época sin resultar molestas: temas cortos, repetitivos, con ese aire de “aventura absurda” que encaja perfectamente con el tono del juego. Todo está pensado para que la experiencia sea fiel a la original, pero cómoda en hardware moderno, como si hubieran restaurado una cinta clásica sin borrar su textura.

La portabilidad de la Switch convierte esta colección en algo aún más especial. Gobliiins es perfecto para jugar en cualquier parte: en el sofá, en la cama, en un viaje, en una pausa corta, en esos momentos en los que quieres desconectar sin comprometerte con una historia larga. Cada puzzle es una pequeña escena autocontenida, ideal para sesiones rápidas. Puedes resolver un par de pantallas mientras esperas el autobús, cerrar la consola y retomarlo más tarde sin perder el ritmo ni la lógica del puzzle. Es un tipo de juego que se adapta de forma natural al formato portátil, y que incluso se disfruta más así: como un libro de acertijos que llevas contigo a todas partes, un cuaderno interactivo donde cada página es una sorpresa, un pequeño laboratorio de caos que puedes abrir cuando te apetezca. La Switch convierte la experiencia en algo íntimo, accesible, perfecto para ese tipo de nostalgia que se vive en pequeñas dosis.

En conjunto, Gobliiins Collection en Switch es un homenaje a una forma de jugar que ya casi no se hace: puzles creativos, humor absurdo, interacción constante y una sensación de descubrimiento que no depende de gráficos espectaculares ni de sistemas complejos. Es retro en el mejor sentido: divertido, ingenioso, encantador, lleno de personalidad. Una colección que recuerda por qué estos juegos marcaron a tantos jugadores, y que demuestra que, incluso décadas después, su magia sigue intacta. Es como reencontrarte con un viejo amigo que sigue siendo igual de caótico, igual de gracioso, igual de brillante que cuando lo conociste.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento: