🦕 Joe & Mac Retro Collection - Hachas, dinosaurios y caos absoluto: la edad de piedra nunca fue tan divertida en Nintendo Switch 2

Hay recopilatorios retro que se sienten como una visita rápida a un museo, una mirada curiosa a juegos importantes del pasado que disfrutas durante un rato y luego vuelves a guardar en la estantería digital. Y luego están esos recopilatorios que te recuerdan inmediatamente por qué te enamoraste de los videojuegos. Joe & Mac Retro Collection pertenece claramente al segundo grupo. Reunir estos tres títulos en Nintendo Switch 2 no solo permite revisitar una saga muy querida del pasado, sino que también sirve para recordar una época maravillosa en la que los videojuegos parecían diseñados por alguien que había mezclado dinosaurios, cavernícolas, dibujos animados, humor absurdo y toneladas de cafeína dentro de una misma coctelera. Todo aquí tiene una personalidad gigantesca. No hay medias tintas ni intentos de parecer serio. Desde el primer minuto entiendes que has venido a golpear reptiles gigantes con un martillo de piedra mientras corres por volcanes, selvas imposibles y escenarios que parecen sacados de un dibujo animado completamente desatado. La colección reúne Joe & Mac Caveman Ninja, Congo's Caper y Joe & Mac Lost in the Tropics, además de incorporar opciones modernas como rebobinado, guardado rápido y un modo Boss Rush que permite encadenar combates contra los jefes más importantes de los tres juegos.


El primer Joe & Mac sigue siendo una auténtica barbaridad de diversión arcade. Lo curioso es que hoy en día muchos juegos intentan ser enormes, complejos y profundos, pero este cavernícola con cara de loco llega desde principios de los noventa y te demuestra que a veces basta con una idea sencilla ejecutada de forma brillante. La aventura comienza y prácticamente no vuelve a soltar el acelerador. Empiezas corriendo por una jungla infestada de enemigos, esquivando piedras, saltando precipicios y lanzando hachas a todo lo que se mueve. Cinco minutos después estás luchando contra criaturas gigantescas. Diez minutos más tarde estás sobreviviendo a escenarios que parecen empeñados en expulsarte de la pantalla por cualquier medio posible. Su ritmo es endiablado. Siempre está ocurriendo algo. Siempre aparece una nueva amenaza, un enemigo ridículo o una situación inesperada que obliga a reaccionar rápidamente. Es uno de esos juegos que entendieron perfectamente cómo mantener a los jugadores pegados a la pantalla. No necesitaba árboles de habilidades, ni estadísticas, ni misiones secundarias. Lo único que necesitaba era que cada pocos segundos pasara algo divertido, y eso lo consigue prácticamente durante toda la aventura.

Lo mejor es que incluso cuando se pone cabrón, porque vaya si se pone cabrón en determinados momentos, nunca pierde esa sensación de diversión desenfadada. Te mata un dinosaurio enorme, te aplasta una roca o te alcanza un enemigo que ni siquiera habías visto venir y en lugar de enfadarte sueles acabar soltando una sonrisa. Gran parte de la culpa la tiene su apartado visual. Los personajes tienen un carisma enorme. Las animaciones siguen transmitiendo vida décadas después y los enemigos están diseñados con esa estética caricaturesca tan exagerada que resulta imposible no encariñarse con ella. Hay algo tremendamente especial en ver a estos dos cavernícolas enfrentarse a monstruos gigantes con la misma naturalidad con la que alguien iría a comprar el pan. Es una estupidez maravillosa y precisamente por eso sigue funcionando tan bien.


Después llega Congo's Caper, que probablemente sea el miembro más raro de toda la familia. Y cuando digo raro, lo digo con muchísimo cariño. Si el primer juego era una recreativa que te agarraba del cuello y te arrastraba a toda velocidad a través de sus niveles, aquí la propuesta cambia bastante. Sigue habiendo plataformas, sigue habiendo acción y sigue habiendo enemigos por todas partes, pero el ritmo es diferente. Más aventurero. Más dado a la exploración. Más interesado en que descubras cosas mientras avanzas. Desde los primeros minutos ya se nota que estamos ante una experiencia distinta. El protagonista tiene una movilidad fantástica y los escenarios parecen diseñados para que disfrutes recorriéndolos en lugar de simplemente sobrevivir a ellos.

Hay momentos en los que parece un plataformas clásico, otros en los que parece una aventura de dibujos animados y algunos instantes donde directamente parece estar improvisando sobre la marcha. Esa sensación de imprevisibilidad es precisamente una de sus mayores virtudes. Nunca sabes exactamente qué va a ocurrir a continuación. Los escenarios cambian constantemente, aparecen criaturas extravagantes por todas partes y el conjunto desprende una energía muy peculiar. Puede que no tenga el impacto inmediato del primer Joe & Mac, pero a cambio ofrece algo que muchos jugadores terminan valorando incluso más: personalidad propia. Muchísima personalidad. No intenta copiar el éxito de nadie. No intenta seguir modas. Va a su aire durante toda la aventura y eso le permite sentirse único incluso muchos años después de su lanzamiento.

Visualmente sigue siendo una auténtica fiesta de colores. Cada fase parece diseñada para sorprender. Hay monstruos absurdos, animaciones divertidísimas y fondos repletos de pequeños detalles que ayudan a construir un mundo tan extraño como encantador. Es probablemente el juego más infravalorado de la recopilación porque vive permanentemente a la sombra de los títulos protagonizados por Joe y Mac, pero cuando le das una oportunidad descubres una aventura fantástica que todavía conserva muchísimo encanto.


Por ultimo llegamos a Joe & Mac: Lost in the Tropics, que posiblemente sea el juego más completo de todo el paquete. Aquí la sensación es la de estar viendo a una saga que ya sabe perfectamente qué funciona y que intenta llevar sus mejores ideas un paso más allá. Sigue siendo una aventura disparatada llena de cavernícolas, dinosaurios y enemigos extravagantes, pero la experiencia resulta más rica. Más variada. Más ambiciosa. Los escenarios parecen más trabajados, los niveles introducen constantemente elementos nuevos y todo transmite la sensación de estar ante una evolución natural de lo que vimos anteriormente.

Lo primero que llama la atención es la enorme variedad que existe a lo largo de la aventura. Cada nueva zona parece esconder una sorpresa diferente. Nunca cae en la monotonía porque continuamente está cambiando las reglas del juego, presentando enemigos nuevos o proponiendo situaciones distintas. El resultado es que la aventura se siente mucho más grande de lo que realmente es. Hay una sensación constante de descubrimiento que ayuda muchísimo a mantener el interés. Cuando crees que ya has visto todo lo que puede ofrecer, aparece otra idea nueva para demostrarte que aún le quedan ases escondidos bajo la manga.

También es probablemente el título donde el apartado gráfico luce de forma más espectacular. Los escenarios tropicales están llenos de color, las animaciones son expresivas y cada pantalla rebosa detalles. Es uno de esos juegos que recuerdan hasta qué punto los artistas de la era de los 16 bits eran auténticos magos. Con recursos muy limitados consiguieron crear mundos vibrantes, alegres y llenos de vida. Jugado ahora en la pantalla de Nintendo Switch 2 sigue conservando una fuerza visual sorprendente. No porque intente competir con los gráficos actuales, sino porque posee algo mucho más difícil de conseguir: un estilo artístico que sigue siendo reconocible y atractivo décadas después.


Lo realmente interesante de esta colección aparece cuando juegas los tres títulos seguidos. Es entonces cuando empiezas a apreciar la evolución de toda una filosofía de diseño. Ves cómo una fórmula sencilla pero tremendamente adictiva va cambiando poco a poco. Observas cómo la acción arcade pura del primer juego da paso a experimentos más ambiciosos, cómo se introducen nuevas ideas y cómo la franquicia intenta crecer sin perder la esencia que la hizo especial. No es solo una recopilación de juegos retro. Es casi un pequeño viaje a través de una época concreta de la industria, cuando los desarrolladores podían permitirse ser extravagantes, impredecibles y completamente absurdos.


Sinceramente, esa es probablemente la mayor virtud de Joe & Mac Retro Collection. En un mercado donde cada vez más producciones quieren parecer películas, ofrecer mundos gigantescos o contar historias épicas, estos tres cavernícolas llegan armados con hachas de piedra para recordarte algo muy simple: los videojuegos también pueden consistir en reírte, esquivar dinosaurios imposibles y pasarlo en grande durante unas cuantas horas. No todos los juegos envejecen con la misma elegancia, pero el carisma que desprenden estas aventuras sigue siendo enorme. Son títulos que rebosan buen humor, imaginación y ganas de divertir. Y cuando terminas los tres, la sensación que queda no es la de haber completado un recopilatorio retro cualquiera. Es la de haber pasado una temporada en una prehistoria completamente loca, exagerada y maravillosa de la que cuesta no salir con una sonrisa en la cara.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento: