🚃 The Trolley Solution (Nintendo Switch) - Dilemas morales, minijuegos brillantes y toneladas de humor inteligente

The Trolley Solution es, sin ningún tipo de duda, uno de los juegos más raros, originales y descaradamente divertidos que han pasado por Nintendo Switch en mucho tiempo. Y lo mejor de todo es que parte de una idea que, sobre el papel, parece cualquier cosa menos divertida. Todo gira alrededor del famoso dilema del tranvía, ese experimento filosófico que plantea una pregunta aparentemente sencilla: si pudieras salvar a varias personas sacrificando a una sola, ¿tirarías de la palanca? Lo que ocurre es que el juego coge esa cuestión, la mete en una batidora junto a toneladas de humor absurdo, referencias a la cultura popular, situaciones ridículas y minijuegos de toda clase, y acaba transformándola en una experiencia que es tan inteligente como hilarante.



La gracia está en que no existe una historia tradicional al uso. No vamos recorriendo un mundo gigantesco ni siguiendo las aventuras de un héroe épico. Aquí el verdadero protagonista es el propio tranvía y las innumerables locuras que giran a su alrededor. Cada nivel plantea una situación diferente, una decisión nueva o una reinterpretación completamente absurda del dilema original. Lo mismo estás decidiendo quién vive y quién muere que, cinco minutos después, te encuentras resolviendo un desafío que parece sacado de una parodia de otro videojuego, de un meme de internet o de una conversación filosófica que se ha ido completamente de las manos. Lo curioso es que, pese a todo el humor que desprende, el juego nunca pierde del todo esa capacidad para hacerte reflexionar. Algunas situaciones son tan ridículas que te hacen reír a carcajadas, pero unos segundos después te descubres pensando: "espera... ¿Qué demonios habría hecho yo en esta situación de verdad?".



Lo más brillante de la propuesta aparece cuando empieza a jugar con tus expectativas. Al principio piensas que todo consistirá en mover una palanca para decidir el destino de varios personajes. Error. Tremendo error. Lo que comienza como una simple broma filosófica acaba convirtiéndose en una colección enorme de desafíos y minijuegos que no paran de reinventarse constantemente. Cuando crees que ya has entendido las reglas, el juego te presenta una nueva mecánica. Cuando piensas que ya sabes por dónde van a ir los tiros, aparece una situación completamente diferente. Y cuando estás convencido de que nada puede sorprenderte, llega uno de esos niveles que te deja mirando la pantalla pensando: "¿quién tuvo esta idea y por qué funciona tan bien?".

La jugabilidad es probablemente la mayor virtud de todo el conjunto. Aunque la base es la de un juego point-and-click, la realidad es que la fórmula cambia constantemente. Hay rompecabezas clásicos, decisiones morales, pruebas de reflejos, situaciones que exigen rapidez, otras que requieren observación y algunas que simplemente buscan confundirte para ver cómo reaccionas. Lo mejor es que nunca da la sensación de estar jugando a treinta minijuegos inconexos. Todo mantiene una misma identidad alrededor de la figura del tranvía y de los dilemas imposibles. El resultado es una experiencia tremendamente dinámica donde resulta muy difícil aburrirse porque prácticamente cada nivel introduce algún concepto nuevo.



Hablando de dilemas, aquí es donde el juego demuestra una creatividad espectacular. Evidentemente aparecen reinterpretaciones del famoso problema filosófico, pero la cosa va mucho más allá. Empiezan a aparecer decisiones cada vez más absurdas, más surrealistas y más delirantes. Algunas tienen sentido. Otras parecen haber sido diseñadas a las tres de la mañana después de una noche especialmente larga. Pero precisamente ahí está parte de su encanto. Nunca sabes qué te vas a encontrar al pulsar el siguiente nivel. A veces te reirás porque la situación es completamente ridícula. Otras veces porque el juego rompe la cuarta pared sin ningún tipo de vergüenza. Y en ocasiones porque sencillamente no puedes creer que alguien haya construido un minijuego entero alrededor de una idea tan absurda.

También resulta sorprendente la cantidad de contenido que esconde. Hay decenas de niveles diferentes, múltiples soluciones en muchos de ellos, secretos, cartas coleccionables inspiradas en filósofos y suficientes guiños como para mantener la curiosidad activa durante toda la partida. Además, muchas fases invitan a ser rejugadas porque las consecuencias de nuestras decisiones cambian el resultado, algo que encaja perfectamente con la temática principal de la aventura.



A nivel grafico estamos ante uno de esos casos donde menos es muchísimo más. El apartado gráfico apuesta por un estilo minimalista en blanco y negro tremendamente efectivo. No necesita modelos hiperrealistas ni efectos de última generación porque toda la fuerza visual reside en la claridad del diseño y en la expresividad de sus dibujos. Cada elemento de la pantalla está colocado exactamente donde debe estar. Los personajes, los escenarios y las situaciones son fáciles de leer incluso cuando el caos más absoluto se apodera de la partida. Además, ese aspecto casi de cuaderno ilustrado le sienta de maravilla al tono humorístico y filosófico de la propuesta.

En Nintendo Switch, además, este formato encaja como un guante. Es el típico juego ideal para partidas cortas mientras viajas, descansas en el sofá o simplemente tienes un rato libre. Como cada desafío suele presentar una idea nueva, resulta muy fácil jugar un par de niveles y dejarlo para más tarde. El problema es que siempre acabas diciendo "uno más". Y luego otro. Y otro. Porque constantemente quieres descubrir cuál será la siguiente locura que han preparado. Esa capacidad para despertar curiosidad es una de sus mayores fortalezas.



El apartado sonoro también contribuye muchísimo al resultado final. La música acompaña perfectamente el tono entre humorístico, reflexivo y absurdo que domina toda la aventura. No busca convertirse en la banda sonora más épica de la generación, pero sí sabe reforzar cada situación. Los efectos de sonido ayudan a remarcar el humor de muchos momentos y consiguen que los minijuegos tengan todavía más personalidad. Hay ocasiones en las que una simple decisión moral termina resultando hilarante gracias a la combinación entre animaciones, música y efectos sonoros.



En resumen, The Trolley Solution es exactamente el tipo de videojuego que hace grande al panorama independiente. Coge una idea filosófica conocida desde hace décadas y la transforma en una aventura impredecible, divertida y sorprendentemente inteligente. Es un juego capaz de hacerte reflexionar sobre la moral, cuestionar tus propias decisiones y, al mismo tiempo, arrancarte una carcajada por alguna barbaridad que acaba de ocurrir en pantalla. Pocos títulos consiguen mezclar filosofía, humor absurdo, minijuegos frenéticos y tranvías homicidas en una misma experiencia sin descarrilar por completo. Este lo consigue. Y además lo hace con una enorme sonrisa en la cara.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento: