PGA TOUR 2K25: el golpe maestro que eleva el golf a otro nivel
PGA TOUR 2K25 es de esos juegos que al principio los miras y piensas “vale, otro juego de golf más”, pero en cuanto te sientas, juegas un par de hoyos y empiezas a notar cómo va la cosa, te das cuenta de que aquí hay mala leche de la buena: el juego quiere que aprendas, que mejores y que cada golpe te importe como si estuvieras jugándote un major en la tele. Y el gran culpable de eso este año tiene nombre y apellido: EvoSwing. No es “un swing nuevo” y ya, es casi una forma de entender el juego. La idea es que pegarle a la bola no sea un “pulso botón y a ver qué pasa”, sino una mezcla de trayectoria del palo, contacto, transición y ritmo. Vamos, que el juego quiere que sientas que estás realmente haciendo un swing, no lanzando un dado.
Tienes dos formas principales de jugar: Swing Stick y 3-Click. Con Swing Stick, el mando se convierte en tu palo de golf. Tiras del stick derecho hacia atrás para el backswing y lo empujas hacia delante para el downswing, pero no vale hacerlo a lo bruto. La velocidad, lo recto que lo muevas y el timing marcan si la bola sale recta, se te va a la derecha, hace un slice horrible o se queda corta como un golpe de principiante. Si empujas demasiado rápido, metes potencia pero pierdes control; si vas demasiado suave, te quedas corto y te dan ganas de repetir el golpe. El juego te obliga a encontrar ese “punto dulce” de velocidad y precisión, como si estuvieras afinando una guitarra: cuando lo clavas, lo notas.
Con el 3-Click, la película va más de reflejos y precisión visual. Tienes la típica barra, marcas potencia, luego precisión, pero no es el minijuego arcade de toda la vida y ya. EvoSwing mete mano para que también cuenten tu ritmo y tu consistencia. No es solo clavar tres clics y sentirte dios: el sistema ajusta cómo se siente el golpe según lo fino que estés ese día. Incluso con este método más clásico, sigues notando que el juego quiere que vivas el estrés y la delicadeza del golf real, no un “pum, perfecto” automático.
Lo bueno de EvoSwing es que no te trata como un robot ni como un manco. Si tienes buen ritmo natural, el Swing Stick te va a entrar solo, casi como si tu mano supiera lo que hacer. Si eres más de precisión quirúrgica y te mola ver barras, puntos dulces y numeritos, el 3-Click te va a enganchar fuerte. Pero en los dos casos, cuando la lías, lo sabes. No puedes echarle la culpa al juego: si la bola acaba en el bunker, sabes exactamente en qué momento has hecho el movimiento raro. Y cuando clavas un drive perfecto, recto, con la potencia justa y un efecto precioso, te entra esa satisfacción de “esto lo he hecho yo, no el juego por mí”, y te quedas mirando la repetición como si fuera una obra de arte.
Todo esto se mezcla con una personalización del jugador que es una auténtica locura. El MyPLAYER no es solo un muñeco con gorra: es tu versión golfista, tu yo del circuito. Puedes tocarle la cara, el cuerpo, el estilo, la ropa, los accesorios, los palos, la bolsa, las animaciones de celebración, las reacciones cuando fallas o aciertas… todo. Y luego, encima, le sumas la capa extra del Pase de Miembro del Año 2, que funciona como un pase de temporada lleno de recompensas cosméticas, equipamiento y chucherías visuales que vas desbloqueando mientras juegas.
El pase es como tener un “carné premium” del club. Cuanto más juegas, más cosas te caen: ropa exclusiva, palos con diseños guapísimos, detalles de personalización que no están en el contenido base… cosas que hacen que tu jugador no parezca un random más, sino alguien que se nota que vive en el campo. No es solo postureo, aunque el postureo aquí está fuerte: también te da esa sensación de progresión constante, de “hoy he desbloqueado esto, mañana quiero ver qué viene después”. Y cuando entras en un torneo online y ves a gente con outfits rarísimos, elegantes o directamente estrafalarios, sabes que ahí hay horas de juego y recompensas del pase detrás. Es un sistema pensado para que el juego no se quede quieto, sino que te vaya soltando caramelitos con el tiempo.
La jugabilidad en general es muy de “te lo explico fácil, pero dominarlo ya es cosa tuya”. Los primeros hoyos te los tomas con calma: pruebas palos, ves cómo responde el swing, juegas con el viento, con las pendientes, con el tipo de golpe… y poco a poco te das cuenta de que aquí no vale solo con darle fuerte y rezar. Tienes que pensar: qué palo usar, qué tipo de golpe (normal, pitch, flop, chip, punch…), cuánto efecto meterle, si quieres que la bola ruede al caer o se frene en seco. EvoSwing hace que cada decisión tenga peso, porque no hay golpes “automáticos”: todo pasa por tus manos y por cómo ejecutas.
La forma de golpear la bola se convierte casi en un ritual. Con Swing Stick, tiras del stick hacia atrás y ya estás calculando en tu cabeza: “¿hasta dónde lo llevo para no pasarme?”. Luego, al empujarlo hacia delante, entras en modo túnel: “ni muy rápido, ni muy lento, recto, recto, recto…”. Y cuando luego ves la línea de swing en la repetición, con esa pequeña curva que ha hecho que la bola se abra un pelín a la derecha, te quedas mirándola como si fuera un gráfico de error en un informe. Con 3-Click, la tensión está en clavar el timing en la barra, y cuando fallas por un milímetro, el juego te lo canta sin piedad. No es injusto, pero tampoco te da abrazos: si fallas, lo notas, y si aciertas, lo disfrutas.
En cuanto a modos de juego, aquí hay menú para rato y para todos los antojos. El modo MyCAREER es el plato fuerte, el cocido completo, el que te llena y encima te deja pensando en repetir. Te montas a tu jugador desde cero, lo lanzas al circuito y empiezas a vivir esa fantasía de “soy un golfista profesional” como si fuera lo más normal del mundo. Vas entrando en torneos, algunos pequeñitos para ir calentando, otros que ya te ponen la presión en el pecho; firmas patrocinadores que te hacen sentir importante, mejoras tu equipo con palos más finos, ropa más seria y accesorios que te dan ese toque de jugador que ya sabe lo que hace. Y poco a poco vas subiendo escalones, torneo a torneo, como si estuvieras protagonizando tu propia película deportiva, con sus momentos épicos, sus metidas de pata y sus remontadas gloriosas.
Es ese modo que dices “venga, un torneo más y lo dejo”, y cuando miras el reloj te das cuenta de que llevas tres horas ahí metido, completamente absorbido. Cada torneo se siente importante, no hay ninguno que juegues en piloto automático. Cada corte que pasas te sube la moral, cada corte que fallas te deja con cara de “mañana me vengo arriba”. Y cada mejora que desbloqueas —ya sea un palo nuevo, un patrocinador más tocho o una habilidad que te hace el swing un poquito más fino— te da esa sensación deliciosa de progreso real, de “vale, ahora sí estoy empezando a parecer un pro de verdad”. Es un modo que engancha porque te mete en una rutina deportiva que, sin darte cuenta, te hace querer volver una y otra vez para ver hasta dónde puedes llegar.
Luego está el online, donde la cosa se pone seria de verdad. Aquí ya no estás jugando contra la IA, sino contra gente que parece que duerme con el palo en la mano. Tienes partidas rápidas, modos competitivos, sociedades online donde la peña monta sus propias ligas, torneos semanales… un festival. Y es justo aquí donde el Pase de Miembro del Año 2 y la personalización se lucen, porque no es lo mismo entrar con un look básico que aparecer con un outfit que grita “llevo horas aquí y se nota”. Además, puedes ajustar reglas, ayudas visuales y dificultad para jugar como te dé la gana: desde partidas chill para pasar el rato hasta auténticos infiernos simuladores donde un error te manda directo al fango.
Pero no todo es sudar la gota gorda. También está el rollo más casual, ese que te salva la tarde cuando no te apetece competir en serio pero sí echarte unas risas. Las experiencias estilo Topgolf son perfectas para eso: minijuegos, retos de precisión, puntuaciones locas y ese ambiente de “a ver quién la manda más lejos sin romper una ventana”. Luego tienes los desafíos, que son pequeñas pruebas para picarte contigo mismo o con tus colegas, y los modos rápidos, ideales para echar un hoyito o dos antes de cenar. En local puedes jugar con quien tengas al lado en el sofá, pero cuando te vas al online la cosa se anima: pueden juntarse hasta cuatro jugadores en la misma partida, lo justo para montar un mini torneo improvisado, picaros un rato o sufrir todos juntos cuando el viento decide ponerse en modo demonio.
Y por supuesto, el diseñador de campos, que es básicamente un juego aparte. Aquí puedes crear tus propios recorridos con una libertad que roza lo delirante. Si quieres un campo serio, elegante, con fairways amplios y greens suaves, lo haces. Si te apetece una locura con pendientes imposibles, lagos puestos con mala leche, bunkers que parecen cráteres lunares y greens que son toboganes disfrazados, también puedes. Y lo mejor es que no estás solo: la comunidad se vuelve completamente creativa, sube sus diseños, los comparte, los vota, los mejora… y eso convierte el juego en una fuente infinita de contenido. Siempre hay algo nuevo que probar: un campo absurdo que te hace reír, otro tan bonito que parece una postal, y alguno tan difícil que te replanteas tus decisiones vitales. Es imposible aburrirse.
Y ahora vamos al apartado técnico, donde el juego saca pecho en Playstation 5. Los campos están llenos de detalles: el césped no es una textura verde y ya, sino que notas la diferencia entre el fairway, el rough, el bunker y el green tanto visualmente como en cómo responde la bola. Las pendientes están muy bien hechas, y cuando estás en el green leyendo la caída, sientes que estás realmente intentando descifrar la superficie, no mirando una flechita. La iluminación le da personalidad a cada campo: amaneceres suaves, atardeceres dorados, cielos nublados que te meten en el papel… todo muy fino.
El realismo también se nota en cómo se comporta la bola. No es una pelota de pinball: bota, rueda, se frena o se acelera según la superficie, la humedad, el ángulo de entrada… y cuando clavas un approach que cae, bota una vez y se queda al lado del hoyo, te entran ganas de levantarte del sofá y celebrarlo como si estuvieras en la tele. El sonido acompaña: el “clack” del impacto, el murmullo del público, el viento, los pájaros… todo suma para que sientas que estás en un campo real.
En PS5, además, el rendimiento va fino: cargas rápidas, estabilidad total y un mando que aporta lo suyo con la vibración y los gatillos adaptativos, que hacen que cada golpe tenga un puntito más de sensación física. No es un juego que vaya a competir con los monstruos gráficos del mercado, pero dentro de su género se ve sólido, limpio y muy cuidado.
Y detrás de todo esto están HB Studios y 2K. HB Studios lleva años afinando esta fórmula, y se nota que han tenido tiempo para pulir cosas, ajustar sistemas como EvoSwing y darle una vuelta a la experiencia general. No hacen cambios locos solo por vender, sino que van capa a capa, mejorando lo que ya funcionaba y añadiendo cosas que encajan con el ADN del juego. 2K, por su parte, sigue apostando fuerte por la saga: licencias, contenido, visibilidad, soporte… todo lo que hace falta para que cada entrega llegue con empaque.
Entrega tras entrega, la sensación es la misma: saben perfectamente qué experiencia quieren ofrecer. Un simulador serio, profundo, pero con suficientes opciones y ayudas para que cualquiera pueda entrar, aprender y, si se engancha, volverse un enfermo del swing perfecto. El Pase de Miembro del Año 2, EvoSwing, la personalización brutal, los modos de juego y el mimo técnico en los campos y en la física de la bola son piezas de un mismo puzle: un juego que no quiere ser “otro juego de golf”, sino el juego de golf al que vuelves una y otra vez.
En resumen, PGA TOUR 2K25 en PS5 es ese título que, si te gusta mínimamente el golf, te puede absorber durante meses sin que te des ni cuenta. Y si no te gustaba… ojo, porque entre EvoSwing, la sensación casi adictiva de clavar un buen golpe, el vicio de ir desbloqueando recompensas con el Pase de Miembro del Año 2 y el pique constante de los modos online, puedes acabar discutiendo contigo mismo sobre líneas de putt, elección de palos y si ese drive al centro del fairway ha sido, sorprendentemente, el mejor momento de tu día.
Además, el juego no viene solo: puedes hacerte con él en varias ediciones según lo que te apetezca o lo loco que estés por meterte de lleno en el circuito. Está la edición estándar, perfecta si solo quieres jugar sin complicarte; la edición Deluxe, que ya viene con extras jugosos para arrancar con estilo; y la edición Grand Slam, que es básicamente el “todo incluido” del golf digital, con contenido adicional, ventajas y un buen puñado de añadidos para los que quieren ir a por todas desde el primer minuto.
Y lo mejor es que no importa dónde juegues, porque PGA TOUR 2K25 está disponible prácticamente en todas partes. Puedes disfrutarlo en PlayStation 5, PlayStation 4, Xbox Series XS, Xbox One, Nintendo Switch y también en PC. Vamos, que si tienes una consola o un ordenador medianamente moderno, tienes un campo de golf entero esperándote.
Aquí os dejamos el tráiler de la temporada cinco:








