Cash Cleaner Simulator, el único juego donde limpiar dinero es más adictivo que ganarlo.

Cash Cleaner Simulator en PS5 no es que te meta en el mundo del crimen… es que te adopta, te da un delantal lleno de manchas sospechosas y te dice “hala, campeón, a ganarte el pan”. Y tú, como buen superviviente del submundo, aceptas. Porque aquí no eres un mafioso elegante con traje caro: eres el becario del delito, el que limpia los billetes que otros ensucian. El que se come el marrón, literal y figuradamente.

La jugabilidad es donde el juego se vuelve una fiesta absurda, pero si la fiesta ya era buena, ampliada es directamente una verbena ilegal con luces de neón y olor a billete húmedo. Empiezas con cuatro herramientas que parecen compradas en un bazar de barrio: una luz UV que parpadea como si estuviera poseída por el espíritu de un fluorescente de instituto, un cepillo que no sabes si sirve para billetes o para limpiar zapatos de payaso, una pinza oxidada que da más miedo que utilidad y una mesa que cruje cada vez que apoyas algo, como si estuviera pidiendo la jubilación anticipada. Es el kit básico del pringado del crimen, el starter pack del que acaba de entrar en el mundillo y aún no sabe si esto es un trabajo o una cámara oculta.

Pero poco a poco vas desbloqueando máquinas que parecen inventos de un científico loco con síndrome de diógenes y acceso ilimitado a piezas de electrodomésticos abandonados. La centrifugadora de billetes gira tan rápido que parece que va a abrir un agujero negro en tu guarida. La secadora industrial escupe aire caliente como si estuviera enfadada con el mundo. La clasificadora automática hace más ruido que un tractor cuesta arriba, tragando billetes como si fueran galletas. Y luego está la joya de la corona: la “lavadora de dinero premium”, una máquina tan potente que vibra como si fuera a despegar rumbo a Marte. La primera vez que la enciendes te preguntas si deberías ponerte casco.

Y eso no es todo. A medida que avanzas, desbloqueas herramientas más finas, más técnicas, más de “profesional del billete limpio”:
– Un microescalpelo para rascar manchas sin romper el papel, digno de un cirujano del crimen.
– Un vaporizador de precisión que suelta un chorrito de vapor tan elegante que parece que estás planchando un traje de boda.
– Un sensor térmico que detecta billetes falsos como si fueras un agente secreto.
– Un rodillo prensador que deja los billetes tan rectos que podrías usarlos como regla.
– Una máquina de secado por rayos que suena como si estuvieras cargando un arma futurista.

Cada encargo es un mini caos organizado, una especie de escape room monetario donde tú eres el único que sabe qué demonios está pasando. Te llega una bolsa llena de billetes arrugados, manchados, doblados, algunos con olor a sótano húmedo y otros con aroma a “esto ha pasado por demasiadas manos y ninguna era de fiar”. Tienes que inspeccionar uno por uno, buscar falsificaciones, quitar manchas, plancharlos (sí, plancharlos), secarlos, ordenarlos por valor y dejarlos más rectos que un soldado en desfile. Y lo mejor es que el juego convierte todo ese proceso en algo ridículamente satisfactorio. Es ese tipo de placer culpable que no deberías disfrutar tanto, pero oye, aquí estamos, con una sonrisa tonta mientras limpiamos dinero como si fuera arte terapéutico.

Y cuando crees que ya lo has visto todo, te empiezan a llegar encargos más raros, más turbios, más “esto debería verlo un juez”. Billetes escondidos en un colchón reventado que parece haber sobrevivido a una guerra. Fajos pegados con cinta americana como si alguien hubiera intentado hacer manualidades con dinero. Dinero enterrado en tierra húmeda que trae consigo media fauna del subsuelo. Paquetes que parecen sacados de un contenedor del puerto, con ese olor a salitre y crimen internacional. Y tú ahí, con tus guantes de látex, sintiéndote una mezcla entre CSI, técnico de laboratorio y empleado de una lavandería clandestina que ha visto demasiado.

La ambientación sigue siendo ese festival de cutrez encantadora. Tu guarida es un sitio donde claramente no pasa la inspección sanitaria desde 1998, pero tiene su encanto. Puedes decorarla, mejorarla, ponerle luces, estanterías, pósters… lo típico que haría alguien que vive entre máquinas que podrían explotar si las miras mal. Y aun así, te sientes orgulloso de tu pequeño imperio del lavado.

Los personajes siguen siendo caricaturas gloriosas: clientes que parecen sacados de un anuncio de apuestas deportivas, mafiosillos de medio pelo que hablan como si estuvieran en una película de serie B, y algún que otro “contacto” que te trae encargos con la misma energía de un repartidor que llega tarde. No son profundos, pero son divertidos, y cada aparición te arranca una sonrisa.

Gráficamente, el juego en PS5 se ve sorprendentemente bien. Los billetes tienen textura, las manchas dan asco de lo realistas que son, las máquinas tienen animaciones que te hacen sentir que estás en un taller clandestino de verdad. No es un portento técnico, pero sí un juego que se ve lo suficientemente bien como para que limpiar dinero sea extrañamente placentero.

El sonido acompaña como un buen cómplice: zumbidos, pitidos, chasquidos, el ruido de las máquinas tragando billetes como si fueran galletas… todo crea una atmósfera que mezcla ilegalidad con spa relajante. La música es discreta, pero te mantiene en ese estado zen de “estoy cometiendo delitos, pero estoy chill”.

Y detrás de todo esto están los culpables: Mind Control Games, un estudio que claramente se despierta cada mañana pensando “¿qué simulador absurdo podemos hacer hoy?”. No son gigantes de la industria, pero tienen ese espíritu de “nos da igual lo que piensen, vamos a divertirnos”. Y se nota. La distribuidora, Forklift Interactive junto a Digital Pajamas, sigue esa misma vibra de “somos pequeños, pero hacemos cosas que molan”. Y oye, benditos sean.

El resultado final es un juego que no se toma en serio ni un segundo, pero que te engancha como si fueras tú el que necesita lavar dinero para pagar el alquiler. Es divertido, es absurdo, es relajante, es un vicio raro… y cuanto más juegas, más te preguntas por qué demonios te lo estás pasando tan bien limpiando billetes sucios.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



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