DOOM Pinball en PS5: la mesa que convierte cada bola en una matanza demoníaca… y cada partida en un fiestón infernal

La mesa DOOM™ Pinball en PS5 es como si alguien hubiera dicho: “¿Y si convertimos un combate contra el infierno en una máquina recreativa?”. Y el resultado es una mesa que no solo recuerda a DOOM: es DOOM, pero comprimido, destilado y servido en forma de pinball con esteroides. Desde el primer segundo te da la sensación de que la máquina está viva, cabreada y con ganas de fiesta.

Visualmente es un espectáculo. No es una mesa bonita: es una mesa agresiva, llena de metal retorcido, portales que parecen tragarte, luces rojas que parpadean como si estuvieras en una base UAC a punto de explotar y demonios modelados con ese estilo sucio y musculoso tan característico de la saga. Cada rincón de la mesa tiene un detallito que te hace sonreír: un Cacodemon vigilando desde arriba, un Revenant moviendo los hombros como si estuviera calentando para lanzarte un misil, un Mancubus que parece estar esperando a que falles para reírse de ti. Es una mesa que no descansa visualmente ni un segundo.

Y cuando la bola empieza a moverse… madre mía. La mesa se siente rápida, muy rápida, como si la bola llevara prisa por llegar al infierno antes que tú. Los flippers responden con una precisión quirúrgica, pero la velocidad hace que cada tiro parezca un acto heroico. Hay rampas que se sienten como si estuvieras entrando en un portal, tiros que rebotan entre demonios como si estuvieras haciendo un combo, y zonas donde la bola se vuelve loca y tú solo puedes rezar a quien sea que se reza en Marte.

La mesa vibra, ruge, se ilumina, te grita. Literalmente parece que esté enfadada contigo. Y eso es lo que la hace tan divertida: no te deja respirar. No hay momentos muertos, no hay “bueno, ahora me relajo un poco”. No. Aquí todo es tensión, adrenalina y “¡ay madre que la pierdo!”. Es DOOM, pero en formato pinball, y se siente exactamente igual de intenso.

El sonido es una barbaridad. La música metalera entra como un puñetazo en el pecho. No es música de fondo: es música que te dice “vamos, dale fuerte, que esto es DOOM”. Los gruñidos de los demonios, los portales abriéndose, los disparos, las explosiones… todo suena con una contundencia que hace que quieras subir el volumen aunque tus vecinos empiecen a sospechar que estás invocando algo. Si juegas con cascos, la experiencia sube a otro nivel: es como tener un concierto de heavy metal dentro de la cabeza mientras luchas por mantener la bola viva.

Y los modos especiales… eso ya es otro mundo. Activar uno es como pulsar un botón que dice “caos total”. De repente la mesa se ilumina como si estuvieras en el mismísimo infierno, los demonios empiezan a aparecer por todas partes, la música sube, las luces parpadean y tú estás ahí, dándole a los flippers como si tu vida dependiera de ello. Es tan exagerado que te ríes mientras juegas. Es imposible no hacerlo.

Lo mejor es que todo recuerda a DOOM sin necesidad de copiar nada directamente. No es una mesa que “tiene cosas de DOOM”: es una mesa que respira DOOM, que se mueve como DOOM, que suena como DOOM y que te hace sentir como si estuvieras en mitad de una matanza demoníaca… pero con una bola de acero en vez de una escopeta.

En PS5 se ve y se mueve de lujo. Fluidez total, cero tirones, efectos de luz que parecen sacados del motor del juego original y una nitidez que hace que cada demonio, cada rampa y cada explosión se vea perfecta. Es una mesa que pide a gritos jugarse en pantalla grande, con el volumen alto y con ganas de pasarlo bien.

Zen Studios en esta mesa se luce como si llevara toda la vida entrenando para este momento. Se nota que conocen DOOM al dedillo y que no han venido a poner cuatro pegatinas y ya: han construido una mesa que respira, ruge y muerde como la saga original. Tienen ese talento casi mágico para convertir un universo entero en una máquina de pinball sin que pierda ni un gramo de personalidad. Cada rampa, cada animación, cada sonido está puesto con un cariño enfermizo, como si el equipo hubiera dicho: “si vamos a hacer DOOM en pinball, lo vamos a hacer a lo grande o no lo hacemos”. Y vaya si lo han hecho. Es el tipo de trabajo que solo puede salir de un estudio que domina el pinball digital como nadie y que, además, se lo pasa pipa haciéndolo.


En resumen: DOOM Pinball es un fiestón infernal. Es rápida, ruidosa, agresiva, exagerada, divertida y tremendamente fiel al espíritu de la saga. Si DOOM fuera una máquina de pinball, sería exactamente así: caótica, intensa y con un ritmo que no te deja ni parpadear.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



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