Skyrim Pinball en PS5: una aventura épica a golpe de flipper que ni los dragones se quieren perder
La mesa The Elder Scrolls V: Skyrim™ Pinball en PS5 es tan exageradamente épica que lo único que le falta es que el mando te grite “¡DOVAHKIIN!” cada vez que aciertas un tiro. Es lo más parecido a estar en Skyrim sin tener que preocuparte por cargar peso, por los bandidos o por que un dragón te chamusque el flequillo. Aquí vienes a vivir una aventura heroica… pero con flippers. Y funciona tan bien que te preguntas cómo no existía esto desde 2011.
La mesa es una fantasía medieval hecha máquina, pero no una fantasía cualquiera: es una fantasía nórdica, con olor a madera vieja, runas brillando como si estuvieran encantadas y dragones vigilando desde lo alto como si fueran los jefes finales de una partida de pinball. Cada rincón está tan lleno de detalles que parece que Zen Studios haya metido a un artesano de Carrera Blanca dentro de la consola para tallar la mesa a mano. Hay cofres que se abren cuando aciertas un tiro, runas que se iluminan como si estuvieras aprendiendo un nuevo grito, y zonas que parecen mazmorras donde la bola entra y tú piensas “bueno, si no vuelve, fue un honor servir contigo”.
Y lo mejor es que todo recuerda a Skyrim, pero sin necesidad de copiar nada literal. Es esa mezcla de aventura, magia, madera, dragones y épica que te hace sentir que estás en Tamriel, pero con la adrenalina del pinball. A veces te quedas mirando la mesa como un turista nórdico, embobado con los detalles… hasta que la bola decide tirarse por el medio y te devuelve a la realidad de un bofetón.
La sensación al jugar es una maravilla absoluta. La mesa es rápida, pero no te atropella; intensa, pero no te castiga por respirar. Tiene ese ritmo de “estoy haciendo algo heroico” incluso cuando solo estás intentando que la bola no se vaya por el lateral. Cada rampa se siente como una misión secundaria, cada bumper como un enemigo que te mira mal, cada objetivo como un botín que te has ganado a pulso. Y cuando activas un modo especial… ahí ya se desata la magia. La música se vuelve épica, las luces parpadean como si estuvieras en mitad de una batalla contra un dragón, y la mesa empieza a hablarte, animarte o reírse de ti según lo bien (o mal) que lo estés haciendo. Es imposible no sonreír, porque de repente estás jugando al pinball… pero también estás viviendo una aventura.
Es una mesa que te hace sentir poderoso, importante, legendario. Como si cada tiro fuera un grito, cada combo un hechizo y cada misión completada un capítulo más en tu propia saga nórdica. Y lo mejor es que, aunque estés sentado en el sofá, te sientes como si estuvieras recorriendo Tamriel con una bola de acero como arma principal.
Si Skyrim ya era un vicio, Skyrim Pinball es el vicio dentro del vicio. Una mesa que no solo se juega: se vive.
Visualmente esta mesa es una barbaridad nórdica. No es solo bonita: es bonita de forma insultante, de esas que te hacen pensar que los herreros de Carrera Blanca han estado toda la noche dándole al yunque mientras discutían sobre quién hace la mejor armadura. Colores cálidos que parecen sacados de una taberna con chimenea, madera envejecida que huele a aventura, metal brillante que refleja la luz como si estuviera encantado, símbolos nórdicos que se iluminan como si acabaran de despertar tras mil años… y dragones animados que te miran desde lo alto como diciendo “a ver si eres digno de esta mesa, mortal”. En PS5 todo esto se ve tan nítido que casi puedes contar las escamas. La fluidez es tan suave que parece que la consola esté diciendo “tranquilo, Dovahkiin, yo me encargo del resto”. Y si juegas con la habitación a oscuras, la mesa se convierte en un altar nórdico, un santuario mágico donde cada destello parece un hechizo y cada misión un ritual ancestral.
Y el sonido… madre mía, el sonido. La música de Skyrim adaptada al pinball es como una inyección directa de épica en vena. Empieza a sonar y automáticamente te sientes más alto, más fuerte, más héroe. Los efectos sonoros están tan bien integrados que parece que estés jugando dentro del propio juego: espadas chocando, dragones rugiendo, cofres abriéndose con ese clack tan satisfactorio, hechizos activándose como si estuvieras lanzando magia con los flippers. Si te pones cascos, prepárate para viajar a Tamriel sin moverte del sofá. Es una experiencia tan inmersiva que por un momento te olvidas de que estás jugando al pinball y no recorriendo una mazmorra con una bola de acero como arma principal.
La jugabilidad es puro Zen Studios, que ya es sinónimo de “esto va a engancharte más que el primer cofre que encuentras en Helgen”. La física de la bola es impecable, de esas que te hacen sentir que cada tiro depende de ti y no del destino. Los flippers responden al instante, como si fueran extensiones de tus propios reflejos. Y la mesa está diseñada con una inteligencia tremenda: siempre hay algo que hacer, siempre hay un objetivo tentador, siempre hay una misión esperando a que la actives. No hay tiros inútiles, no hay momentos muertos, no hay “meh”. Todo sirve para algo, todo tiene un propósito, todo te empuja a decir “venga, una más y lo dejo”… y luego otra… y otra… y cuando te das cuenta llevas una hora intentando abrir un cofre que se te resiste más que un dragón anciano.
Skyrim Pinball es, en resumen, una fiesta épica en miniatura, una aventura comprimida en una mesa que no solo se juega: se vive. Es divertida, emocionante, preciosa y tan fiel al espíritu de Skyrim que te entran ganas de abrir el menú para ver si puedes subir de nivel en “pinball con honor”. Si te gusta Skyrim, te va a enamorar. Si te gusta el pinball, te va a enganchar. Y si te gustan las dos cosas… prepárate, porque esta mesa es un vicio legendario digno del mismísimo Sangre de Dragón.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:


