Mirage 7 en PS5: el viaje más loco, brillante y deliciosamente desconcertante que vas a jugar sin levantarte del sofá
Mirage 7 en PlayStation 5 es ese juego que, nada más pulsar “Start”, te mira directamente a los ojos y te dice: “¿Relajarte? Aquí no, campeón. Aquí vienes a flipar”. Y vaya si flipas. Desde el primer minuto te mete en un viaje psicodélico que parece diseñado por alguien que se quedó dormido viendo documentales de física cuántica y despertó con una libreta llena de ideas rarísimas. Luces que parpadean como si tuvieran personalidad propia, sombras que se mueven como si estuvieran vivas, escenarios que se doblan, se estiran y se rompen como si el juego estuviera probando cuánto aguanta tu cerebro antes de pedir un descanso.
Es un título que mezcla acción, exploración y una narrativa que huele a café frío, noches sin dormir y un par de epifanías existenciales de esas que te hacen replantearte tu vida. Y lo mejor es que funciona. Funciona tan bien que llega un punto en el que ya no sabes si tú estás jugando al juego o el juego te está jugando a ti. Pero te da igual, porque estás demasiado entretenido intentando entender qué demonios está pasando mientras sonríes como un idiota.
La versión de PS5 le sienta como un guante de seda. El juego va tan fluido que parece que la consola esté presumiendo. Los efectos de luz son tan exagerados que podrías iluminar una boda con ellos. Las distorsiones visuales son tan limpias que hasta tus errores parecen artísticos. Y los cambios bruscos de escenario… bueno, esos son directamente un ataque personal. Estás caminando tan tranquilo y de repente ¡pum!, el suelo desaparece, el techo se convierte en pared y tú estás ahí, intentando mantener la dignidad mientras el juego se ríe en tu cara.
El DualSense también se apunta al festival. No vibra: te comenta la jugada. Te da un toque cuando algo se acerca por detrás, te mete un golpe seco cuando recibes daño y te aprieta los gatillos como diciendo “esto pesa, ¿eh?”. No es un uso loco del mando, pero sí lo suficiente para que sientas que estás dentro del caos, no solo mirándolo desde fuera.
La historia es un viaje en todos los sentidos. Mirage 7 juega con la percepción como si fuera plastilina. Lo real y lo irreal se mezclan, se confunden, se dan la mano y se ríen de ti. Hay momentos en los que piensas “vale, ahora sí lo pillo”… y justo entonces el juego te cambia las reglas, te gira el escenario como si fuera un cubo de Rubik y te suelta un recuerdo que no sabías que existía. Es como si el propio juego fuera un personaje más, uno que disfruta viéndote dudar.
La jugabilidad es una mezcla deliciosa de exploración, combate y puzles, pero todo con un toque de “esto no es normal y lo sabes”. Los combates no son solo pegar y esquivar: son coreografías caóticas donde el escenario cambia, los enemigos parecen salidos de un mal sueño y tú improvisas como si estuvieras en un concurso de baile sin haber ensayado. Los puzles, por su parte, juegan con la perspectiva, la lógica torcida y la capacidad del jugador para no tirar el mando por la ventana. Resolverlos es tan satisfactorio como desconcertante, como si hubieras descifrado un mensaje alienígena usando intuición y un poco de suerte.
El diseño artístico es una fiesta visual. Colores saturados que te atacan sin piedad, sombras que se mueven como si tuvieran vida propia, escenarios que se doblan, se rompen y se reconstruyen delante de ti como si estuvieras dentro de un cuadro surrealista. En PS5 todo esto se ve más estable, más definido y más inmersivo. Es un juego que pide a gritos que apagues las luces, te pongas cómodo y te dejes llevar por la locura.
Si Mirage 7 fuera una persona, sería ese amigo que te dice “solo una copa” y acabas a las cinco de la mañana hablando de teorías conspiranoicas mientras intentas recordar dónde dejaste el móvil. Y tú encantado.
La desarrolladora, DreamLayer Studios, es ese tipo de estudio que, si les das un lápiz y un papel, no te dibujan un personaje… te dibujan un multiverso entero, con lore, con reglas que se contradicen a propósito y con un protagonista que probablemente esté pasando por una crisis existencial. Sus juegos no parecen videojuegos: parecen experimentos sensoriales creados por un grupo de gente que vive entre pizarras llenas de flechas, post-its de colores y frases como “¿y si el suelo fuera líquido pero solo a veces?”. Son especialistas en hacerte sentir que entiendes algo… hasta que dejan de dejarte entenderlo. Y aun así, sigues adelante porque confías en que, en algún momento, todo encajará. O no. Pero te lo estás pasando demasiado bien como para que te importe.
DreamLayer no es un estudio gigante, pero tiene una personalidad tan marcada que podrías reconocer un juego suyo aunque te lo pusieran boca abajo y sin sonido. Mirage 7 es su criatura más mimada: un proyecto lleno de ideas locas, cariño artesanal y ese tipo de pulido que solo se consigue cuando alguien ha pasado tantas horas trabajando que ya no distingue entre realidad y concepto artístico. Y eso, curiosamente, les viene genial para este tipo de juegos.
Por su parte, la distribuidora Blowfish Studios es la típica compañía que ve un proyecto como Mirage 7 y dice: “sí, esto es exactamente lo que queremos, dame más de esto”. No buscan juegos que sigan la norma, ni títulos que parezcan hechos con plantilla. Blowfish tiene un radar especial para detectar rarezas con personalidad, juegos que destacan no por ser seguros, sino por ser atrevidos. Su catálogo está lleno de propuestas que no encajarían en una estantería convencional, pero que brillan precisamente por eso. Y Mirage 7 encaja en su filosofía como si lo hubieran diseñado juntos en una habitación llena de bocetos, café y un ventilador que no funciona.
Blowfish Studios ha sabido mover Mirage 7 como lo que es: una experiencia distinta, un viaje mental, un juego que no pretende gustar a todo el mundo, sino enamorar a quienes buscan algo diferente. Han destacado su rareza como virtud, no como defecto. No quieren que el juego pase desapercibido; quieren que la gente lo recuerde, aunque sea diciendo “no sé qué he jugado, pero necesito hablar de ello”.
En conjunto, Mirage 7 en PS5 es una experiencia que mezcla acción, misterio, locura visual y una narrativa que te agarra por la pechera y te dice “siéntate, que esto se va a poner interesante”. Es divertido, es extraño, es absorbente y tiene ese toque de “¿qué demonios acabo de ver?” que te obliga a seguir jugando solo para descubrir qué sorpresa viene después. No es un juego que se limite a entretenerte: quiere que vivas un viaje, que te metas en su mundo, que te dejes llevar por su caos elegante y su estética de “sueño raro pero bonito”.
Si te gustan los juegos que se atreven a ser diferentes, que juegan con tu cabeza, que te sorprenden cada cinco minutos y que te ofrecen una experiencia más que una simple partida, Mirage 7 es de los que merece muchísimo la pena. Y si no te gustan… bueno, quizá este sea el juego que te haga cambiar de opinión. Porque normal, lo que se dice normal, no es. Y ahí está su magia.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:





