Hidden Around the World: Turismo, Risas y Cosas Ocultas en Cada Esquina
Hidden Around the World es ese juego que te promete un viaje relajante por ciudades icónicas del planeta… y cumple, pero de una forma tan adorable, tan exageradamente acogedora y tan llena de detallitos que acabas sintiéndote como un turista profesional, de esos que llevan cámara, gorrito, mochila, guía turística, y aun así se pierden en la primera esquina. Aquí no vienes a luchar, ni a correr, ni a salvar el mundo: vienes a mirar. A observar. A señalar cosas en la pantalla como si estuvieras en un museo diciendo “¡mira, mira eso!”. Y el juego te aplaude por hacerlo.
La premisa es sencilla, sí, pero sencilla como un helado de vainilla que resulta tener dentro confeti, purpurina y un gato escondido. Viajas por ciudades reales como Tokio, París, Río de Janeiro o Venecia, pero no las versiones realistas y llenas de tráfico, no señor. Aquí visitas versiones dibujadas a mano, tan bonitas que dan ganas de imprimirlas, enmarcarlas y colgarlas en el salón aunque no peguen con nada. Cada escenario es como una postal ilustrada por alguien que ama los colores pastel, los detalles diminutos y los gatos escondidos en sitios improbables. Porque sí, siempre hay un gato escondido. No sé si es una norma del juego, un pacto secreto entre ilustradores o una ley universal del género, pero ahí está: el gato. A veces en un tejado, a veces dentro de una cesta, a veces disfrazado de lámpara. Y tú lo ves y dices “¿pero cómo has llegado ahí, criatura?”.
Las ciudades no solo están dibujadas: están vivas. Tokio brilla como si hubiera sido pintada con rotuladores fluorescentes; París parece una mezcla entre un cuento infantil y un catálogo de panaderías; Río es una explosión de color, música y gente que claramente está pasándoselo mejor que tú; Venecia es tan bonita que te dan ganas de aprender italiano solo para decir “mamma mia” con propiedad. Cada ciudad tiene su personalidad, su ritmo, su caos adorable. Y tú vas saltando de una a otra como si fueras un viajero profesional con un presupuesto infinito y cero jet lag.
Tu misión es encontrar objetos ocultos. Objetos que, por alguna razón, están repartidos por la ciudad como si alguien hubiera decidido jugar al escondite con la humanidad. A veces buscas cosas normales: llaves, libros, tazas, paraguas. Cosas que podrías encontrar en tu casa si no fueras tan despistado. Pero otras veces buscas cosas que te hacen preguntarte si el diseñador estaba bien, si había dormido, o si simplemente decidió que la vida es demasiado corta para ser lógica: un pez con sombrero, un zapato gigante, un robot tomando café, un pato con gafas de sol, un helado que parece estar huyendo de alguien, un cactus con bigote. Y tú ahí, señalando la pantalla como un detective de dibujos animados, diciendo “¡te encontré, bribón!” mientras te ríes solo.
Y lo mejor es que el juego no te mete prisa. No hay temporizador, no hay enemigos, no hay estrés. Puedes jugar tumbado, sentado, medio dormido, con un café, con un gato encima, con la consola en modo portátil mientras esperas el autobús o mientras finges que estás escuchando una reunión. Hidden Around the World es el equivalente jugable a tomarte un té caliente mientras llueve fuera. Es un abrazo visual. Un spa para los ojos. Un “tranquilo, hoy no tienes que pensar demasiado”. Es el tipo de juego que te dice “respira, disfruta, mira cositas bonitas”.
Pero ojo, que aunque sea relajante, los escenarios están llenos de detalles. Llenísimos. Cada ciudad es un festival de pequeñas historias visuales: un señor que intenta hacerse un selfie y falla estrepitosamente, una pareja discutiendo porque él no sabe leer mapas, un perro que ha decidido que ese banco es suyo y no piensa compartirlo, un vendedor que claramente está estafando a alguien, un turista que se ha perdido y no lo sabe, un niño persiguiendo una paloma que no piensa dejarse atrapar. Es como mirar una ilustración de “¿Dónde está Wally?”, pero sin la presión de encontrar a Wally. Aquí encuentras lo que quieras, cuando quieras, y si te distraes mirando otra cosa, también vale. De hecho, el juego parece diseñado para que te distraigas.
Y entonces llega la parte que nadie espera: puedes decorar. Sí, decorar. Porque no solo viajas: también arreglas, embelleces y personalizas rincones de cada ciudad. Es como si fueras un influencer del urbanismo, colocando farolillos, plantas, muebles, carteles y cosas que probablemente no deberían estar ahí, pero quedan tan bien que nadie se queja. Puedes poner una farola donde no hace falta, una silla donde nadie se va a sentar, una planta que claramente no sobreviviría en ese clima, pero da igual: queda bonito. Cada vez que decoras algo, la ciudad cobra vida, como si te dijera “gracias por poner esa maceta, llevaba años pidiéndola”. Y tú te sientes útil, como si hubieras salvado el mundo colocando un jarrón.
Cuando ya te has pasado horas buscando objetos, decorando rincones y admirando ilustraciones, el juego te suelta la bomba: puedes crear tus propios niveles. Sí, tú. Tú, que probablemente no sabías que querías ser diseñador de juegos hasta ahora. Puedes colocar objetos, esconderlos, elegir fondos, decidir qué tiene que encontrar la gente… y luego compartirlo con el mundo. Y también puedes jugar niveles creados por otros jugadores, lo cual es una experiencia maravillosa porque descubres que hay gente con mucha creatividad… y gente que ha escondido un objeto detrás de otro objeto detrás de otro objeto detrás de un gato detrás de un árbol detrás de un señor que está detrás de una farola. Y tú ahí, sufriendo, pero riéndote, porque sabes que tú harías lo mismo.
Y lo mejor es que cada nivel creado por la comunidad tiene su propia personalidad. Algunos son fáciles, otros son imposibles, otros son bromas visuales, otros son homenajes a ciudades reales, otros son caos puro. Es como entrar en la mente de cientos de personas y ver cómo cada una entiende el concepto de “esconder cosas”. Spoiler: algunos lo entienden demasiado bien.
La banda sonora es otro regalo. Suena como si alguien hubiera mezclado música de cafetería tranquila, sonidos de lluvia suave y un toque de “estoy de vacaciones y no me importa nada”. Es perfecta para desconectar. Y los efectos visuales son igual de suaves: colores cálidos, líneas redondeadas, animaciones que parecen hechas con cariño. Es un juego que no quiere impresionarte con gráficos hiperrealistas; quiere que sonrías.
En Nintendo Switch funciona de maravilla. En portátil es una delicia, porque puedes acercarte a la pantalla como si fueras un abuelo buscando sus gafas. En modo dock también luce genial, ideal para jugar con alguien al lado diciendo “¿dónde está el maldito paraguas azul? ¡Lo he visto antes, te lo juro!”. Es un juego que se disfruta solo, acompañado, medio dormido o completamente despierto.
Hidden around the World no intenta ser más de lo que es. No quiere ser épico, no quiere ser profundo, no quiere cambiar tu vida. Quiere darte un rato bonito. Quiere que viajes sin moverte del sofá. Quiere que encuentres cosas escondidas y digas “¡ahí estabas!”. Quiere que te relajes. Y lo consigue.
Detrás de Hidden Around the World está Ogre Pixel, un estudio indie que tiene la misma energía que un grupo de artistas encerrados en una habitación llena de lápices de colores, café y sueños bonitos. Son los responsables de juegos adorables como Lonesome Village o A Tiny Sticker Tale, y se nota: tienen un estilo tan reconocible que podrías ver una ilustración suya en mitad de un supermercado y decir “esto huele a Ogre Pixel”. En la versión de Nintendo Switch hacen de todo: desarrollan, publican, pulen, empaquetan y prácticamente te lo entregan con un lacito. Son ese tipo de estudio que no necesita un ejército de empleados para crear mundos preciosos; les basta con talento, paciencia y probablemente un gato durmiendo encima del teclado. Cada escenario del juego parece gritar “esto lo hizo alguien con cariño”, y es verdad: Ogre Pixel hace juegos como quien hace galletas caseras, con mimo, con detalle y con la intención de que te sientas bien mientras juegas.
En resumen, Hidden Around the World es un juego para desconectar, para sonreír, para mirar detalles, para perderte en ilustraciones preciosas y para recordar que a veces lo más divertido es simplemente observar. Es un juego que te invita a viajar por el mundo sin pasaporte, sin maletas, sin colas en el aeropuerto y sin jet lag. Solo tú, tu Switch y un montón de objetos escondidos esperando a que los encuentres.
Y si te gusta buscar cosas, decorar cosas, mirar cosas o simplemente no hacer nada mientras haces algo… este juego es para ti.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:







