Regina & Mac, un loro, un T‑Rex y un laboratorio loco: plataformas retro con más humor que sentido común.
Regina & Mac en Nintendo Switch es como si alguien hubiera metido en una batidora un cartucho de Nintendo 64, un loro hiperactivo, un tiranosaurio con cara de lunes y un laboratorio abandonado… y hubiera pulsado el botón de puré. El resultado es un plataformas 3D tan descaradamente retro que casi puedes oler el plástico viejo de las consolas de los 90, pero con un humor tan tontorrón y adorable que te acaba conquistando aunque tú vengas con el ceño fruncido.
La historia es una maravilla del surrealismo: Regina, una guacamaya que parece más lista que todos los científicos del laboratorio juntos, y Mac, un T-Rex que tiene la misma energía que un perro grande que no sabe dónde poner las patas, se despiertan en un centro de investigación abandonado. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué están ahí? ¿Por qué hay disquetes dorados tirados por todas partes? ¿Por qué un tiranosaurio no se come al loro? El juego no te lo explica, y sinceramente, mejor así. La misión es simple: recoger los disquetes que contienen la memoria de la IA U64, que es básicamente la única que sabe cómo salir de ese sitio. Es como una escapada de prisión, pero con más plumas y más dientes.
La jugabilidad es un homenaje descarado a los plataformas 3D de antaño: saltos que requieren precisión quirúrgica, plataformas que aparecen en el peor momento, cámaras que a veces te ayudan y a veces te traicionan como un amigo que te dice “salta, que llegas”. Cada nivel es un parque de atracciones poligonal lleno de secretos, recovecos y zonas que te hacen pensar “¿y si salto por aquí?… ah, pues no”. Pero es justo ese caos juguetón lo que lo hace tan divertido. No quiere reinventar nada, quiere que te lo pases bien, que te rías cuando fallas y que te sientas un campeón cuando clavas un salto imposible.
Los personajes son un show. Regina tiene cara de saber exactamente lo que hace, mientras que Mac tiene la expresión de alguien que está ahí porque le han prometido comida. No hablan mucho, pero sus animaciones y su vibra de “pareja cómica accidental” funcionan de lujo. Los enemigos, por su parte, parecen inventados por un científico loco que aprobó el máster por los pelos: robots torpes, aparatos que se mueven sin sentido, cosas que te atacan porque sí. No dan miedo, pero sí te dan ganas de decirles “mira, déjame en paz, que estoy saltando”.
Gráficamente, el juego es un festival retro: colores vivos, texturas simples, escenarios que parecen hechos con bloques de juguete y ese aire de “esto podría haber salido en 1999, pero ahora se ve más limpito”. En Switch va fluido, sin tirones, sin dramas y con ese encanto de juego que sabe exactamente lo que quiere ser.
El sonido acompaña con música alegre, melodías que te taladran el cerebro de forma agradable y efectos que parecen sacados de un dibujo animado. Nada de épica, nada de orquesta, nada de “mira qué realista soy”: aquí todo es plin, plon, pum y tú tan feliz.
Detrás de esta locura está Diplodocus Games, un estudio que claramente ha dicho “vamos a hacer un plataformas como los de antes, pero con un loro y un dinosaurio porque nos da la gana”. Y la distribución corre a cargo de Nintendo a través de la eShop, lo cual siempre ayuda a que estas joyitas tengan su hueco.
En resumen, Regina & Mac es un plataformas 3D que no se toma en serio ni un segundo, que te hace sonreír, que te hace fallar saltos de forma humillante y que te recuerda por qué este género era tan divertido antes de que todo se volviera hiperrealista. Es ligero, simpático, absurdo y encantador. Y oye, no todos los días puedes decir que has jugado a un juego donde un loro y un T-Rex intentan escapar de un laboratorio buscando disquetes dorados. Solo por eso ya merece la pena.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:




