Ovnis, paranoia y risas nerviosas: UFOPHILIA aterriza en PS5 para abducirte sin pedir permiso

UFOPHILIA en PlayStation 5 es ese juego que empieza como si nada, muy tranquilito, muy de “venga, vamos a investigar unas lucecitas raras en el cielo”, y en cuestión de minutos ya estás sudando como si te hubieran metido en un escape room sin pistas y con un alien respirándote en la nuca. Tiene ese encanto de las historias que parecen simples pero que, cuando te quieres dar cuenta, estás metido hasta las cejas en conspiraciones, grabaciones que cambian solas, vecinos que te miran como si supieran que anoche viste algo en el cielo… y tú intentando mantener la dignidad mientras piensas “igual debería haberme quedado en casa viendo una serie”.

La historia se va retorciendo con una mala leche deliciosa. No es el típico cuento de “extraterrestres malos que vienen a liarla”, no. Aquí todo es sospechoso: el pueblo, la gente, los ruidos, las sombras, incluso tú mismo. Cada vez que crees que has entendido algo, el juego te suelta un giro que te deja con la misma cara que cuando abres la nevera y no recuerdas haber comprado ese yogur que está ahí mirándote. Y claro, tú sigues, porque ya estás enganchado como si fuera una serie de misterio de esas que dices “un capítulo más y me voy a dormir” y acabas acostándote a las tres de la mañana.

La jugabilidad es una mezcla muy sabrosa entre explorar, investigar y sobrevivir a los sustos que te lanza el juego como quien no quiere la cosa. No es un festival de tiros, pero cuando toca defenderte, toca. La gracia está en moverte por el pueblo, hablar con gente que parece salida de un documental de “cosas raras que pasan en sitios donde no deberías vivir”, revisar notas, cámaras, grabaciones y, sobre todo, intentar no gritar cuando algo se mueve detrás de ti. La PS5 lo mueve todo con una suavidad que da gusto, así que incluso cuando estás cagado de miedo, te sientes ágil, rápido y listo para huir como si te fuera la vida en ello.

Las opciones del juego son un regalito. Puedes ajustar la dificultad, activar ayudas si eres de los que se pierden hasta en un pasillo recto, o desactivarlas si te va el rollo de sufrir. El modo foto es una maravilla: la iluminación hace que cualquier captura parezca la portada de un disco de synthwave o el póster de una peli de ovnis de los 80. Y como hay decisiones que cambian cosas, siempre queda ese veneno en la cabeza de “¿y si lo rejuego para ver qué pasa si hago lo contrario?”.

La ambientación es de esas que te abrazan fuerte y no te sueltan. El pueblo tiene un aire tan inquietante que si existiera de verdad, TripAdvisor tendría reseñas tipo “5 estrellas, precioso, pero creo que me siguió una sombra hasta el coche”. Calles vacías, luces que parpadean como si estuvieran enviando mensajes en código, bosques que parecen tener vida propia… y un cielo que, si lo miras demasiado, te da la sensación de que algo te está mirando de vuelta. El juego domina el silencio como un maestro zen del terror: un crujido aquí, un susurro allá, una puerta que se cierra sola… y tú pensando “vale, esto está bien, estoy bien, todo está bien”, mientras claramente no lo está.

Los sustos son de los buenos, de los que te dejan con el corazón en la garganta pero sin recurrir al truco barato de tirarte un bicho encima. Aquí el terror es más psicológico, más de “¿qué narices acabo de ver por el rabillo del ojo?”. Grabaciones que cambian, sombras que no estaban ahí hace un segundo, voces distorsionadas que parecen venir de dentro de tu cabeza… Es ese tipo de miedo que te acompaña cuando apagas la consola y vas al baño a oscuras.

Gráficamente, la PS5 se luce. Los modelados están llenos de detalles, las animaciones faciales transmiten más que algunos actores de carne y hueso, y la iluminación es tan buena que a veces parece que estás dentro de una película. Cuando la estética alienígena empieza a mezclarse con lo cotidiano, el resultado es espectacular. Y el sonido… ay, el sonido. Si juegas con auriculares, prepárate para escuchar cosas detrás de ti que no deberían estar ahí. Zumbidos, ecos, crujidos, voces que parecen venir de otra dimensión… Es un festival auditivo que te mete en la atmósfera sin pedir permiso.

La desarrolladora, Nebula Forge, es de esas que no hacen mil juegos al año, pero cuando sacan uno, lo hacen con personalidad. Se nota que aquí han metido cariño, ideas raras y un punto de locura creativa que le sienta de maravilla al género. Y la distribuidora, Startrail Interactive, ha sabido moverlo con cabeza: sin destripar nada, sin vender humo, dejando que el misterio haga su trabajo. Una estrategia que le viene como anillo al dedo a un juego que vive de la intriga.

En resumen, UFOPHILIA es de esos juegos que no solo juegas: te los llevas contigo. Te deja pensando, te deja inquieto, te deja con ganas de comentarlo con alguien para ver si también vio esa figura rara en el granero o si solo fue tu imaginación. Y cuando un juego consigue eso, es que ha hecho las cosas muy, muy bien.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



Entradas populares de este blog

Hop 'n' Marty, plataformas, locura y risas a ritmo de salto.

Analizamos Tank Brawl 2: Armor Fury

Analizamos Wildermyth: Edición para consolas