Blightstone en acceso anticipado: la corrupción avanza, tú decides si sobrevives

Blightstone llega en acceso anticipado como ese colega que aparece en la fiesta con una guitarra medio rota y, aun así, consigue que todo el mundo se calle para escucharle. No es un juego terminado, ni pretende serlo todavía pues se encuentra en fase de acceso anticipado, pero ya transmite esa sensación de que hay algo especial en su propuesta. La premisa es clara: un mundo que se pudre, literalmente, devorado por una corrupción que no entiende de fronteras ni de piedad. En medio de ese caos, un cristal viviente que guarda memoria de tus derrotas, como si fuera un cuaderno de notas cruel que te recuerda cada vez que la has liado. Esa idea de que el mundo cambia con cada caída es lo que le da personalidad: no solo pierdes progreso, sino que el propio escenario se transforma para recordarte que aquí no hay segundas oportunidades fáciles.

Los personajes que manejas son héroes improvisados, aventureros que parecen haber salido de una taberna con más ganas de sobrevivir que de hacerse famosos. Cada uno tiene habilidades distintas y, aunque no estamos ante un RPG con árboles de diálogo infinitos, sí que transmiten esa sensación de grupo variopinto que se enfrenta a lo imposible. La gracia está en cómo los combinas, porque cada partida te obliga a improvisar builds con lo que encuentres. Y aquí entra la jugabilidad: táctica por turnos, sí, pero sin cuadrículas rígidas. El movimiento libre cambia por completo la dinámica, porque te obliga a pensar en posicionamiento como si estuvieras jugando al ajedrez en un campo de batalla que se transforma constantemente. Tormentas de fuego, ventiscas heladas, rayos que caen donde menos lo esperas… el escenario es tan enemigo como los monstruos que te salen al paso.

Las armas y artefactos que recoges son recompensas que sudas a base de combates tensos, de esos que te dejan con las manos sudadas y el corazón a mil. No son simples objetos tirados por ahí, son trofeos que parecen tener alma propia, como si cada espada hubiera visto más batallas que tus propios héroes y cada arco llevara grabadas las cicatrices de mil disparos fallidos. Hay espadas que se sienten pesadas, como si cargaran con la historia de un caballero caído; arcos que aparecen justo en el momento en que pensabas que estabas acabado y te permiten clavar esa flecha milagrosa; y magias que te hacen sentir invencible durante unos segundos gloriosos, hasta que un enemigo te devuelve a la realidad con un golpe que te recuerda que aquí nadie regala nada.

Cada objeto tiene ese aire de “esto puede ser la diferencia entre avanzar o volver a empezar desde cero”, y esa tensión es lo que convierte cada hallazgo en un pequeño drama personal. No es lo mismo encontrar una daga oxidada que un artefacto legendario que te permite invocar rayos: la primera te hace pensar en cómo sobrevivir un turno más, la segunda te da alas… hasta que descubres que usarla demasiado rápido puede dejarte vendido. La gestión de recursos se convierte en un minijuego dentro del propio combate, porque no puedes ir gastando habilidades como si fueran caramelos en Halloween. Aquí cada decisión cuenta: ¿usas esa poción ahora para salvar a tu mago o la guardas para el jefe final? ¿Lanzas el hechizo devastador contra un grupo de enemigos menores o esperas a que aparezca el monstruo que realmente te va a complicar la vida?

El juego te obliga a pensar en cada movimiento como si estuvieras jugando una partida de póker con cartas marcadas: sabes que tienes algo poderoso en la mano, pero si lo usas mal, el castigo es inmediato. Y lo mejor es que esa sensación de riesgo constante convierte cada combate en una mezcla de estrategia y adrenalina. No hay nada más satisfactorio que clavar la decisión correcta en el momento justo, sentir que esa espada que parecía un simple trozo de hierro se convierte en tu salvavidas, o que ese artefacto extraño que no sabías cómo usar termina siendo la clave para sobrevivir. Por eso, cada arma y cada objeto no son solo herramientas: son pequeñas historias dentro de la gran historia, capítulos que se escriben con sudor, improvisación y un montón de maldiciones lanzadas al aire cuando las cosas no salen como esperabas.

Los enemigos son la encarnación de la corrupción. Criaturas retorcidas que parecen diseñadas para fastidiarte justo cuando creías que tenías la partida controlada. No son simples sacos de golpes, cada uno tiene patrones que te obligan a adaptarte y a improvisar. Hay bichos que te acorralan, otros que te obligan a moverte constantemente, y algunos que directamente parecen sacados de tus peores pesadillas. La sensación de enfrentarte a algo que siempre va un paso por delante es lo que mantiene la tensión en cada partida.

La ambientación es puro dark fantasy con sabor español. Paisajes que se desangran, ruinas que parecen llorar y un tono general que mezcla desesperanza con épica. Gráficamente no busca el hiperrealismo, sino un estilo sobrio y funcional, con escenarios decadentes y personajes que encajan en ese aire de tablero táctico. No es un juego que te vaya a dejar con la boca abierta por sus gráficos, pero sí que consigue transmitir esa atmósfera de mundo roto que necesita ser salvado. El sonido acompaña con melodías sombrías y efectos que remarcan cada golpe, cada rayo y cada rugido. No es una banda sonora para tararear, pero sí para meterte de lleno en la tensión de cada combate. Cada efecto sonoro está pensado para que sientas el peso de tus decisiones, desde el crujido de una espada hasta el rugido de un monstruo.

Detrás de todo esto está Unfinished Pixel, un estudio barcelonés que hasta ahora trabajaba para gigantes como Ubisoft, pero que con Blightstone se ha lanzado a crear su primera IP original. La distribución corre a cargo del propio estudio junto con Kepler Ghost, que se encarga de darle visibilidad y moverlo en Steam. Es un proyecto español hecho con cariño, con ganas de dejar huella en el género y demostrar que aquí también se pueden hacer roguelites con personalidad. Y se nota: no es un producto genérico, sino una propuesta que busca diferenciarse con mecánicas propias y una ambientación que bebe de la tradición del dark fantasy pero con un toque local.

Ahora bien, ¿Qué podemos esperar de la versión completa? Pues aquí viene lo jugoso. Más héroes, cada uno con habilidades únicas que amplíen las posibilidades de cada partida. Más armas y artefactos, para que cada run sea distinto y siempre tengas la sensación de descubrir algo nuevo. Enemigos adicionales con patrones aún más retorcidos, que te obliguen a replantear estrategias y a no confiarte nunca. Escenarios que expandan esa sensación de mundo corrupto y cambiante, con más variedad de biomas y eventos dinámicos que hagan que cada partida sea única. También se espera una mayor pulidez gráfica y sonora, ajustes en la dificultad para equilibrar la experiencia y, sobre todo, un modo historia más desarrollado que dé más contexto a la lucha contra la corrupción. En definitiva, un juego que en acceso anticipado ya engancha, pero que en su versión final promete convertirse en una experiencia táctica y roguelite mucho más rica y completa.

Blightstone es, en resumen, ese colega que te invita a una partida de rol improvisada: caótico, exigente y lleno de sorpresas. No está terminado, claro, pero ya tiene suficiente personalidad como para enganchar a quienes disfrutan de morir mil veces, aprender de cada error y volver a intentarlo con una sonrisa torcida. Y lo mejor de todo es que, cuando llegue la versión completa (entre seis y doce meses), promete ser todavía más grande, más variado y más épico. Y si, siempre escuchando a la comunidad!!


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



Entradas populares de este blog

Hop 'n' Marty, plataformas, locura y risas a ritmo de salto.

Analizamos Tank Brawl 2: Armor Fury

Analizamos Wildermyth: Edición para consolas