Roguematch: The Extraplanar Invasion, estrategia a lo bestia en un multiverso que quiere verte caer, pero tú sigues ahí, cabezón, ganando partida a partida.

Roguematch: The Extraplanar Invasion en PlayStation 5 es uno de esos juegos que, sin hacer mucho ruido, te planta delante un cacao interdimensional y te dice: “venga, crack, salva el multiverso… pero hazlo con cabeza, porque aquí cada movimiento cuenta”. Es un título que mezcla puzles, estrategia y ese toque de roguelike que te hace sudar frío cuando estás a punto de perder una run perfecta. Según la información disponible, es un juego para un solo jugador, totalmente offline y sin diálogos hablados, lo cual ya te da una pista de que aquí vienes a pensar, no a escuchar discursos épicos.

La historia va directa al grano: fuerzas extraplanares han decidido invadir tu realidad, y tú eres la última esperanza para frenar el desmadre. Nada de cinemáticas kilométricas ni lore que necesite un máster; aquí la narrativa funciona como excusa perfecta para lanzarte a resolver combates-puzle donde cada turno es una pequeña batalla mental. Es como si alguien hubiera mezclado un RPG táctico con un juego de mesa y le hubiera añadido un toque de “si mueres, vuelves a empezar, campeón”.

La jugabilidad es el corazón del asunto, pero no un corazón normal, no: uno de esos que laten fuerte, te sudan las manos y te hacen pensar “como falle este movimiento me voy a acordar toda la noche”. Cada enfrentamiento funciona como un tablero donde tienes que combinar movimientos, ataques y habilidades como si estuvieras resolviendo un puzle infernal diseñado por alguien que disfruta viendo cómo te complicas la vida. No es un machacabotones; aquí no vale eso de aporrear el mando esperando que algo salga bien. Es más bien un “piensa antes de liarla”, porque cada acción tiene consecuencias y cada error te puede costar la partida de una forma tan dolorosa que te quedas mirando la pantalla en silencio, replanteándote tus decisiones vitales.

El rollo roguelike le da ese toque de caos delicioso: cada intento es distinto, cada run te cambia las cartas sobre la mesa, cada enemigo aparece donde menos te lo esperas y cada mejora que encuentras puede ser la clave de tu victoria… o la razón por la que acabas estampado en el turno tres. Nunca sabes qué te va a tocar, y eso convierte cada partida en una mezcla de estrategia, improvisación y fe ciega en que esta vez, esta vez sí, el universo te va a dar un respiro.

Y cuando una run te sale bien, cuando todo encaja, cuando haces ese combo perfecto que ni tú te crees, te sientes como si hubieras descifrado el código secreto del universo. Es ese momento glorioso en el que te levantas un poco del sofá, miras a tu alrededor como si hubiera público aplaudiéndote y piensas: “madre mía, soy un genio”. Luego empiezas otra partida y el juego te recuerda quién manda, pero ese ratito de gloria no te lo quita nadie.

Los personajes que manejas no son héroes musculosos ni magos con nombres impronunciables, sino piezas funcionales dentro del tablero, cada una con habilidades que cambian por completo tu forma de jugar. Algunos son más ofensivos, otros más tácticos, otros te permiten manipular el entorno… y combinarlos bien es la clave para no acabar estampado contra la invasión extraplanar. Los enemigos, por su parte, vienen en todas las formas y colores, desde criaturas que parecen salidas de un laboratorio interdimensional hasta bichos que te fastidian la estrategia solo por existir. Cada uno tiene patrones distintos, así que no vale eso de “ataco y ya está”; aquí toca pensar.

En lo visual, el juego apuesta por un estilo sencillo pero muy claro, perfecto para un título donde lo importante es leer el tablero de un vistazo. No es un portento gráfico, pero tampoco lo necesita. En PS5 se ve nítido, fluido y sin florituras innecesarias, ideal para que no pierdas de vista lo que importa: sobrevivir. Según la información disponible, la versión de PS5 funciona sin problemas y con tiempos de carga mínimos, lo cual siempre se agradece.

El sonido sigue la misma filosofía: música discreta, efectos claros y nada de voces, porque el juego no incluye diálogo hablado. Es un acompañamiento que no molesta, no distrae y te deja concentrarte en tus jugadas maestras… o en tus meteduras de pata.

Detrás del proyecto está Starstruck Games Pte. Ltd., un estudio que parece tener debilidad por las ideas compactas, tácticas y con personalidad propia. Y la distribución corre a cargo de la misma compañía, que ha llevado el juego tanto a PS4 como a PS5. No es un gigante del sector, pero sí de esos equipos que saben lo que quieren hacer y lo hacen sin complicarse la vida.

En conjunto, Roguematch: The Extraplanar Invasion es ese tipo de juego que te atrapa sin necesidad de gráficos espectaculares ni cinemáticas hollywoodienses. Es puro cerebro, pura estrategia y puro “una más y lo dejo”. Perfecto para quienes disfrutan rompiéndose la cabeza, para quienes aman los roguelikes y para quienes quieren un desafío que no depende de reflejos, sino de neuronas. Y en PS5 funciona como un reloj, así que no hay excusa para no lanzarse a salvar el multiverso… una partida a la vez.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



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