Land of Mushrooms, setas cabreadas, saltos imposibles y un mundo que parece una fiesta psicodélica con mala leche

Land of Mushrooms es ese juego que empieza con una sonrisa inocente y acaba con tu mando sudado, tu dignidad en el suelo y tú diciendo “venga, una pantalla más y lo dejo”. La historia es tan simple que casi te da ternura: un mundo de setas felices, saltarinas y con más personalidad que muchos influencers, que de repente se ve invadido por… bueno, por más setas, pero estas cabreadas. Y tú, como héroe improvisado, te lanzas a salvar el reino armado únicamente con tus saltos, tu paciencia y una tolerancia sorprendente a los colores chillones.

La jugabilidad es puro “plataformas de toda la vida”, pero con ese toque de caos que hace que cada nivel sea una mezcla entre parque infantil y campo de minas. Saltas, corres, esquivas, vuelves a saltar, te caes, insultas a una seta que ni siquiera tiene boca, y repites. El DualSense vibra cada vez que pisas algo raro, te golpean o te tiras por un precipicio como si fuera tu primer día jugando. Es un juego que no te juzga, pero sí se ríe un poquito de ti. Y el modo cooperativo es básicamente una prueba de amistad: o sales reforzado o acabas discutiendo por quién empujó a quién.

Los escenarios son un festival psicodélico. Bosques llenos de setas gigantes que parecen colchones hinchables, cuevas que brillan como si alguien hubiera mezclado purpurina con plutonio, plataformas flotantes que desafían cualquier ley física y zonas secretas que descubres por accidente mientras gritas “¿pero qué es esto?”. Todo está diseñado para que te entren ganas de hacer capturas de pantalla… justo antes de que un enemigo te empuje al vacío. Es un mundo adorable, sí, pero también un poco traicionero, como un peluche con mala leche.

Gráficamente, la versión de PS5 hace que todo se vea tan nítido que casi puedes oler las setas (y no, no huelen a champiñón). Los colores te atacan a la retina con cariño, las animaciones son simples pero muy expresivas, y los enemigos tienen ese aire de “soy mono pero te voy a fastidiar el salto”. No es un juego que busque realismo, sino que quiere que te sientas dentro de un dibujo animado hiperactivo, y lo consigue sin despeinarse.

El sonido es otro show. La música es tan alegre que parece compuesta por un coro de setas con xilófonos, y los efectos sonoros son puro cartoon: “boing”, “plop”, “paf”, “tling”. Cada salto suena como si estuvieras pisando una nube de gelatina, y cada golpe parece sacado de una serie infantil. Es imposible tomárselo demasiado en serio, y ahí está su encanto.

La compañía detrás de esta locura es SOURCE BYTE, un estudio pequeño que se ha especializado en juegos que parecen decirte: “relájate, disfruta y si te caes, te ríes”. No buscan reinventar el género ni competir con superproducciones; quieren que te lo pases bien, que desconectes y que te metas en un mundo donde las setas tienen más actitud que tú un lunes por la mañana. Ellos mismos lo distribuyen en PlayStation Store, así que es un proyecto muy suyo: directo, colorido y con cero pretensiones.

En resumen, Land of Mushrooms es ese juego que te atrapa sin que te des cuenta. Es ligero, simpático, un poco gamberro y perfecto para cuando quieres jugar algo que no te pida pensar demasiado. Es como una bolsa de gominolas: sabes que no es profundo, sabes que no es complejo, pero te la comes entera igual. Y oye, pocas cosas dan tanta alegría como derrotar a una seta enfadada con un salto bien dado.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



Entradas populares de este blog

Hop 'n' Marty, plataformas, locura y risas a ritmo de salto.

Analizamos Tank Brawl 2: Armor Fury

Analizamos Wildermyth: Edición para consolas