True Fear: Forsaken Souls – Part 3 en PS5: el final que te deja sin aliento, sin luz… y sin ganas de ir solo al pasillo
True Fear: Forsaken Souls - Part 3 en PlayStation 5 es ese tipo de juego que te dice desde el minuto uno: “no estás aquí para pasarlo bien, estás aquí para pasarlo mal… y disfrutarlo”. Es el cierre de una trilogía de terror psicológico que lleva años mareando la cabeza a la pobre Holly Stonehouse, y en esta tercera parte ya no hay marcha atrás: toca enfrentarse a todos los fantasmas, traumas familiares y puertas que jamás deberían haberse abierto. Es como llegar a la última temporada de una serie que llevas tiempo siguiendo: ya vienes cargado de preguntas, teorías y miedos, y aquí es donde todo explota.
La estructura sigue siendo la de aventura con toques de point & click, puzles y exploración, pero con un tono muy marcado de thriller psicológico. Nada de sustos baratos cada dos segundos: aquí lo que manda es la atmósfera. Pasillos oscuros, casas que parecen tener memoria, habitaciones que cuentan historias solo con cómo están decoradas, y esa sensación constante de “algo no encaja” que te acompaña todo el rato. El juego se lo toma muy en serio a la hora de construir tensión, y eso se nota en cada detalle: luces parpadeando, sonidos lejanos, puertas que se cierran solas, notas escritas a mano que jamás deberías haber leído… y tú avanzando igual, porque la curiosidad es más fuerte que el instinto de supervivencia.
En PS5 todo esto gana bastante presencia. No estamos hablando de un triple A con gráficos de infarto, pero sí de un juego que sabe exprimir lo que tiene. Los escenarios están llenos de pequeños detalles: fotos familiares inquietantes, objetos tirados por el suelo que cuentan más de lo que parece, pizarras con mensajes, diarios, recortes de periódico… es de esos juegos en los que te paras a mirar cosas porque sabes que nada está puesto al azar. La resolución y la nitidez ayudan a que no se pierda nada, y jugar en una pantalla grande con la consola moviéndolo todo fluido hace que la inmersión sea mucho mayor.
El sonido es media experiencia. Jugar esto con altavoces cutres es un crimen; con cascos, directamente te planteas tus decisiones vitales. Crujidos, susurros, golpes lejanos, respiraciones que no sabes de dónde vienen… y la música entrando justo cuando tiene que entrar, sin abusar, pero clavando los momentos clave. Hay escenas en las que no pasa “nada” a nivel jugable, pero el audio te tiene tan tenso que casi prefieres que salga un susto ya para liberar presión.
La jugabilidad sigue la línea de los anteriores: explorar, investigar, resolver puzles y avanzar en la historia. Los puzles están bastante bien medidos: algunos son sencillos, otros te hacen rascarte la cabeza un rato, pero en general no caen en lo absurdo ni en el “¿cómo se supone que iba a adivinar esto?”. Hay combinaciones de objetos, mecanismos que activar, códigos que descifrar, pistas escondidas en documentos… lo típico del género, pero bien hecho. Y lo mejor es que casi todo está integrado en la narrativa: no sientes que estés resolviendo puzles porque sí, sino porque tienen sentido dentro de la historia de Holly y su familia.
La trama es el gran gancho. Llevas dos juegos arrastrando preguntas sobre qué demonios pasa con los Stonehouse, qué es real, qué no, quién miente, quién oculta cosas y por qué todo el mundo parece tener un secreto. Aquí empiezan a caer respuestas, y se agradece. No voy a destripar nada, pero sí se nota que es un final pensado para cerrar el círculo, atar cabos y dejarte con esa mezcla de “vale, ahora lo entiendo” y “ojalá pudiera olvidar algunas cosas para dormir mejor”. Es un terror más de ideas que de monstruos: lo que da miedo no es solo lo que ves, sino lo que implica.
La versión de PS5 se siente muy cómoda de jugar. Los tiempos de carga son rápidos, el rendimiento es estable y no hay tirones raros que te saquen de la experiencia. Es el típico juego que te apetece jugar de noche, con las luces apagadas, y la consola responde sin problemas. No es que haga un uso loco del DualSense como otros títulos, pero sí hay vibraciones sutiles en ciertos momentos que ayudan a remarcar sustos, golpes o cambios de ambiente. No es el protagonista, pero suma.
La desarrolladora, Goblinz Enterprises, lleva ya tiempo con esta saga y se nota que le tienen cariño. No es el típico estudio gigante que lanza un juego y se olvida: aquí hay una sensación clara de proyecto personal, de historia que querían contar desde el principio y que han ido construyendo poco a poco. Han apostado por un terror más psicológico, más de atmósfera y misterio, y han mantenido esa línea hasta el final. No han intentado convertir esto en un festival de jumpscares porque sí, y se agradece muchísimo. Se nota que confían en la historia, en los personajes y en la capacidad del jugador para dejarse llevar por algo más sutil que un susto en la cara cada tres minutos.
La distribuidora, The Digital Lounge, lleva tiempo moviendo este tipo de proyectos y encaja muy bien con lo que propone True Fear: Forsaken Souls - Part 3. No es un juego pensado para todo el mundo, no es el típico título que ves en un anuncio gigante, pero sí es de esos que encuentran su público y lo cuidan. Han apostado por llevar el final de la trilogía a más plataformas, incluida PlayStation 5, y eso hace que mucha gente que quizá solo juega en consola pueda descubrir la saga completa y engancharse a la historia de Holly desde el principio hasta este cierre.
Lo mejor de todo es que, dentro de lo serio que es el tono, jugarlo tiene su punto “divertido” en el sentido de experiencia intensa. Es ese tipo de diversión rara en la que estás tenso, incómodo, pero a la vez enganchado. Te dices “venga, una habitación más y lo dejo”, y de repente han pasado dos horas y sigues ahí, con la espalda rígida y el mando apretado como si eso fuera a salvarte de lo que sea que haya al otro lado de la puerta. Y cuando resuelves un puzle complicado o descubres una verdad que llevabas tiempo sospechando, la sensación de satisfacción es enorme.
True Fear: Forsaken Souls - Part 3 en PS5 es, en resumen, un cierre muy digno para una trilogía de terror psicológico que ha ido creciendo poco a poco y que aquí se despide por todo lo alto dentro de su escala. No es un juego gigantesco, pero sí uno muy bien pensado, muy bien escrito y con una atmósfera que se te queda pegada. Si te gustan las historias de misterio oscuro, los puzles integrados en la narrativa y el terror que se mete más en la cabeza que en la cara, este final de saga merece mucho la pena. Y, eso sí, mejor jugarlo de noche, con cascos… y con la luz del pasillo encendida, por si acaso.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:






