The Stairwell en PS5: la escalera que no baja tus pulsaciones… las sube.

The Stairwell en PS5 es como ese colega que parece tranquilo, calladito, buena gente… y de repente te pega un susto que te deja sin alma. Es un juego que convierte una simple escalera en una experiencia de “¿por qué estoy sudando si solo estoy subiendo peldaños?”. Y lo mejor es que lo hace con una mala leche deliciosa, de esa que te engancha aunque estés diciendo “venga ya, esto no puede ser normal”.

La gracia del asunto es que aquí no vas armado hasta los dientes ni llevas poderes místicos heredados de tu tatarabuelo chamán. Nada de eso. Vas con lo justo: una linterna que parece comprada en un bazar por cinco euros y una escalera que, sinceramente, da la sensación de haber sido diseñada por un arquitecto con demasiado tiempo libre y un sentido del humor cuestionable. Cada vuelta es casi idéntica, pero siempre hay un detallito que te hace pensar “espera… ¿esto estaba así antes?”. Y ahí empieza el festival de microinfartos.

Primero ves un objeto movido de sitio y piensas “bah, habrá sido cosa mía”. Luego notas una sombra que no cuadra con ninguna fuente de luz conocida por la humanidad. Después aparece una puerta nueva, como si el edificio hubiera instalado una expansión sin avisarte. Y cuando escuchas un ruido detrás de ti, de esos que suenan exactamente igual que cuando alguien te llama por tu nombre, ya estás girándote con la velocidad de un ninja jubilado. Todo mientras pones esa cara de sospecha absoluta, la misma que pones cuando abres la nevera y alguien se ha comido tu postre. Y lo peor es ese cuadro, ese cuadro que juras que antes tenía una expresión normal y ahora parece que te está mirando como si supiera algo que tú no.

La versión de PS5 entra tan suave que casi parece que el juego te guiña un ojo antes de empezar. No es el típico título que te deja ciego con reflejos imposibles ni texturas que parecen sacadas de un documental de naturaleza en 8K, pero tiene esa limpieza visual que te permite fijarte en cada detalle sin que nada te distraiga. Y eso, en un juego donde un interruptor movido dos centímetros puede significar “todo va bien” o “prepárate para gritar”, es oro puro.

La iluminación es otro nivel de maldad artística. No es la oscuridad absoluta de “no veo ni mis manos”, ni tampoco la claridad de “esto parece un IKEA”. Es ese punto intermedio perfecto en el que avanzas despacito, como cuando entras en la habitación de un adolescente y no sabes si te vas a encontrar ropa, un monstruo o ambas cosas. Las sombras se estiran, las luces parpadean lo justo para ponerte nervioso, y cada rincón parece decirte “ven, acércate, no pasa nada”… mientras tú piensas “sí, claro, eso mismo dijo la última anomalía antes de intentar matarme”.

Y luego está el sonido, que es directamente una travesura demoníaca con diploma. Crujidos que parecen venir del piso de arriba aunque tú sabes que no hay nadie. Ecos que suenan como si el edificio estuviera repitiendo tus pasos con un pequeño retraso, como un imitador torpe pero inquietante. Pasos que no son tuyos, respiraciones que no sabes si son reales o parte del ambiente, y ese silencio… ese silencio que se te pega a la piel como un abrazo incómodo de alguien que no conoces bien pero insiste en que sois amigos. Con cascos, la cosa se vuelve seria: pasas de “qué curioso este juego” a “voy a dejar una luz encendida por si acaso, no vaya a ser”.

Cada ruido te hace dudar de tu cordura. Cada eco te obliga a mirar atrás aunque sepas que no deberías. Y cada anomalía sonora te deja con la sensación de que la escalera no solo está viva, sino que además tiene sentido del humor… y no uno bueno.

Entre la linterna que parece comprada en un todo a cien, la escalera con complejo de laberinto psicológico y un diseño sonoro que parece hecho por alguien que disfruta viendo a la gente saltar de la silla, The Stairwell convierte una simple bajada de escalones en una aventura épica o, según tu nivel de valentía, en una sesión de cardio involuntario que ni el gimnasio te da.

Y el DualSense, aunque no se pone a contarte la historia ni te manda mensajes secretos, aporta lo suyo. Las vibraciones sutiles te avisan de que algo no va bien antes incluso de que lo veas. Los gatillos cambian de resistencia como si la propia escalera respirara. Y tú, mientras tanto, sintiéndote un guardia de seguridad novato que está a un susto de pedir la baja laboral. Son detalles pequeños, pero juntos hacen que la escalera se sienta más viva… o más muerta, según el momento, lo cual es exactamente el tipo de ambigüedad que este juego disfruta lanzarte a la cara.

Vamos, que la versión de PS5 no solo funciona bien: te envuelve, te manipula y te hace sentir que estás dentro de un edificio que te observa. Y lo peor es que te gusta.

Y aquí es donde toca hablar de Take IT Studio!, que sinceramente se merece un aplauso. Son un estudio pequeño, pero con una claridad de ideas que ya quisieran muchos gigantes. No van de hacer el juego más grande del mundo, sino el más efectivo para lo que quieren contar. Y vaya si lo consiguen. Tienen un talento especial para convertir escenarios cotidianos en trampas psicológicas, para jugar con tu percepción y para hacerte dudar de tus propios ojos. Se nota que disfrutan creando experiencias que te dejan con la ceja levantada y el corazón acelerado. Y lo hacen con una confianza y un cariño por su propio estilo que da gusto ver.

En definitiva, The Stairwell en PS5 es una experiencia que mezcla tensión, observación y un humor involuntario que surge cuando te das cuenta de que llevas diez minutos mirando una pared porque “algo no me cuadra”. Es un juego que te atrapa, que te reta y que te hace sentir parte de un experimento raro pero adictivo. Y detrás de todo eso está Take IT Studio!, demostrando que cuando se trata de hacerte dudar de la realidad, son auténticos maestros.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:




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