Un descenso brillante y cruel: LOVE ETERNAL convierte el sufrimiento en arte y el plataformeo en adicción pura

LOVE ETERNAL en PlayStation 5 se convierte en una de esas experiencias que empiezan como un simple “voy a probar un par de niveles” y terminan en un “¿por qué sigo aquí sufriendo, riendo y sudando al mismo tiempo?”. El juego no solo quiere que avances: quiere que te obsesiones, que te equivoques, que te levantes, que vuelvas a caer y que, aun así, sigas adelante como si estuvieras atrapado en el mismo hechizo que domina a su protagonista. Y lo consigue con una mezcla deliciosa de historia inquietante, diseño de niveles endiabladamente inteligente y un sentido del humor oscuro que aparece justo cuando más lo necesitas.

La historia sigue a Maya, una adolescente que pasa de una discusión familiar a un universo imposible sin transición alguna. Un segundo está en su comedor, el siguiente está en un castillo suspendido en un vacío infinito, gobernado por una deidad solitaria que parece haber mezclado la estética de un sueño bonito con la lógica de una pesadilla. Ese ser —caprichoso, infantil, manipulador y extrañamente encantador en su crueldad— ha construido un mundo entero para tener compañía, y Maya es su nueva muñeca favorita. A medida que avanzas, descubres que no es la primera ni la única víctima: hay otros prisioneros, cada uno con su propia historia de resistencia, resignación o locura. La narrativa se despliega de forma fragmentada, como si el castillo mismo estuviera tratando de contarte algo que no quiere admitir.

La jugabilidad es una oda al plataformeo de precisión, pero con un giro: la gravedad es un juguete. Puedes invertirla, manipularla, usarla para esquivar trampas o caer directamente en ellas si te confías demasiado. Cada nivel funciona como una pequeña caja de rompecabezas donde el suelo puede convertirse en techo, las paredes en rutas alternativas y los obstáculos en coreografías mortales. Y aquí es donde el juego se vuelve deliciosamente divertido: las trampas no solo están ahí para matarte, sino para burlarse de ti. Hay sierras que parecen colocadas por alguien con demasiado tiempo libre, pinchos que aparecen justo cuando creías haber encontrado un hueco seguro, plataformas que desaparecen como si se rieran en tu cara y mecanismos que requieren una sincronización tan precisa que te harán replantearte tu relación con tus propios dedos.

Los niveles están diseñados con una variedad sorprendente. Algunos son rápidos, casi como carreras contrarreloj donde la única opción es lanzarte hacia adelante y confiar en tu instinto. Otros son más contemplativos, obligándote a estudiar el entorno como si fueras un arqueólogo del caos. También hay niveles que funcionan como pequeñas narraciones ambientales: habitaciones que cuentan historias sin palabras, espacios que parecen haber sido usados por otros prisioneros, zonas donde la deidad deja mensajes que mezclan ternura y amenaza. Y cuando crees que ya lo has visto todo, el juego introduce nuevas mecánicas que te obligan a reaprender lo que creías dominar.

La ambientación es una maravilla. El pixel art, lejos de sentirse retro, se percibe como una obra artesanal: cada animación está cargada de intención, cada fondo parece respirar, cada rincón del castillo tiene personalidad. La iluminación juega un papel crucial, creando contrastes que refuerzan la sensación de estar en un lugar vivo, cambiante y emocionalmente inestable. El mundo no es solo un escenario: es un personaje más, uno que te observa, te juzga y, a veces, parece disfrutar demasiado cuando fallas.

Los personajes aportan capas adicionales a la experiencia. Maya es una protagonista con la que resulta fácil empatizar: no es una heroína clásica, sino una chica normal enfrentándose a lo imposible. La deidad que la retiene es fascinante en su ambigüedad: no es un monstruo, sino una criatura solitaria que ha confundido compañía con posesión. Los otros prisioneros funcionan como espejos de lo que Maya podría llegar a ser si se rinde, y sus historias añaden un peso emocional que contrasta con la intensidad del plataformeo.

En lo técnico, la versión de PlayStation 5 brilla. La fluidez es impecable, algo esencial en un juego donde un solo fotograma puede marcar la diferencia entre la gloria y la muerte más absurda. El pixel art se ve nítido, vibrante y lleno de matices. El sonido es otro de los grandes pilares: la banda sonora mezcla melodías inquietantes con momentos de calma engañosa, mientras que los efectos sonoros —ecos, crujidos, vibraciones del entorno— refuerzan la sensación de estar atrapado en un lugar que no debería existir. Incluso el silencio está cuidadosamente diseñado para incomodarte.

La desarrolladora, brlka, ha demostrado una habilidad especial para mezclar terror psicológico con diseño de niveles de precisión quirúrgica. Su filosofía se nota en cada rincón del juego: nada está ahí por casualidad, todo tiene una intención emocional. La distribuidora, Ysbryd Games, conocida por apoyar proyectos independientes con fuerte identidad artística, ha apostado por llevar esta experiencia a múltiples plataformas, permitiendo que LOVE ETERNAL llegue a un público más amplio sin perder su esencia.

El resultado es un juego que combina desafío, humor oscuro, belleza visual y una historia que se te queda pegada. LOVE ETERNAL no solo quiere que juegues: quiere que sientas, que te frustres, que te rías de tus propios errores y que, cuando por fin superes un nivel infernal, experimentes esa mezcla de alivio y orgullo que solo los grandes plataformas pueden ofrecer. En PlayStation 5, esa experiencia se siente más pulida, más intensa y más absorbente, convirtiéndose en una aventura que te atrapa… y que, como la deidad del castillo, no te suelta fácilmente.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



Entradas populares de este blog

Hop 'n' Marty, plataformas, locura y risas a ritmo de salto.

Analizamos Tank Brawl 2: Armor Fury

Analizamos Wildermyth: Edición para consolas