Dungeon Arsenal: cartas, mazmorras y decisiones que duelen más que un crítico mal tirado

Dungeon Arsenal es un roguelite de cartas que no viene a contarte cuentos: te lanza a mazmorras aleatorias con monstruos, oro y decisiones que te hacen sudar más que una partida de UNO con apuestas. Minimalista, directo y con más tensión que una partida de Jenga en un terremoto.

Dungeon Arsenal no se anda con rodeos. Aquí no hay prólogos épicos ni tutoriales con voz en off. Empiezas, eliges a tu héroe, y zas: ya estás abriendo cartas en una mazmorra que cambia cada vez que entras. Cada piso es una cuadrícula de cartas boca abajo. ¿Qué hay detrás? ¿Un cofre? ¿Un arma? ¿Un bicho con mala leche? Solo hay una forma de saberlo: darle la vuelta y encomendarte a lo que sea que creas.

La gracia está en que cada carta es una ruleta rusa. Puedes encontrar oro, armas, pociones, trampas o enemigos que te miran con cara de “te vas a arrepentir”. Y claro, como buen roguelite, si la lías y mueres, vuelta a empezar. Pero no te enfades: cada intento es una oportunidad para probar otra estrategia, otro personaje, otra build. Porque sí, hay variedad: distintos héroes con habilidades únicas, reliquias que te cambian la partida, y tiendas donde puedes comprar cartas nuevas si sobrevives lo suficiente.

El combate es sencillo pero tenso. No estás en un tablero de ajedrez, pero cada decisión cuenta. ¿Revelas otra carta o te largas al siguiente piso? ¿Usas esa espada ahora o la guardas para el jefe? ¿Te arriesgas a abrir una carta más por si hay una reliquia… o te conformas con lo que tienes? Es un tira y afloja constante entre la codicia y la supervivencia. Y eso, amigo, es adictivo.

Visualmente, el juego es minimalista, pero no cutre. Tiene ese rollo de pixel art limpio, funcional, que no distrae pero tampoco aburre. Los iconos son claros, los enemigos tienen su gracia, y todo se mueve con soltura. No te va a dejar boquiabierto, pero tampoco lo necesita. Aquí lo importante es la tensión, no los fuegos artificiales.

La música y los efectos cumplen su función: te meten en ambiente sin robar protagonismo. Cuando abres una carta y suena ese “clac” seco, sabes que algo va a pasar. Y cuando es un monstruo, ese silencio incómodo antes del combate te pone los pelos de punta. No hay banda sonora épica, pero sí una atmósfera que te mantiene alerta.

¿Y la historia? Bueno… no hay. O mejor dicho, la historia eres tú, tu mala suerte, y las decisiones que tomas. No hay diálogos, no hay lore, no hay cinemáticas. Solo tú, una mazmorra, y un mazo de cartas que puede ser tu salvación o tu perdición. Y eso, en su crudeza, tiene su encanto.

En resumen: Dungeon Arsenal es como ese juego de mesa que parece simple pero te engancha durante horas. Ideal para partidas rápidas, para picarte contigo mismo, y para descubrir que a veces, menos es más. Si te gustan los roguelites, los juegos de cartas y la sensación de “una más y lo dejo”, este es tu veneno. Y vaya que sienta bien.


Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:



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