¿Te acuerdas del miedo? Tormented Souls 2 lo trae de vuelta con cariño y cuchillas
Tormented Souls 2 en PlayStation 5 es como si los años 90 se hubieran colado por la puerta trasera de tu consola, con una linterna en mano, un puzle imposible en el bolsillo y una criatura con demasiadas extremidades siguiéndote de cerca. Es un survival horror que no pide permiso: entra, te encierra, y te pregunta si sabes rezar.
La historia arranca con Caroline Walker, que ya sobrevivió a un hospital donde los bisturís tenían más protagonismo que los médicos. Ahora, su hermana Anna está dibujando cosas que no deberían existir, y esas cosas deciden existir. Así que Caroline se lanza a Villa Hess, un pueblo sudamericano que parece sacado de un catálogo de turismo para entidades demoníacas. Allí hay una clínica con personal sonriente, pasillos que crujen como si tuvieran artritis, y una atmósfera que huele a incienso, humedad y trauma.
La jugabilidad es un festival de nostalgia con esteroides. Cámaras fijas que te hacen girar como si estuvieras en una coreografía de terror, puzles que no se resuelven con lógica sino con desesperación y fe, y enemigos que no te dan tregua. Pero hay mejoras: el combate se ha afinado, los controles responden como deben, y el diseño de niveles tiene más capas que una cebolla maldita. Puedes explorar más, perderte más, y morir más. Las armas van desde lo improvisado (tuberías, herramientas oxidadas) hasta lo ritual (cruces modificadas, artefactos que parecen sacados de un museo de lo oculto). Cada una tiene su peso, su ritmo, y su utilidad según el enemigo. Y sí, hay jefes. Jefes que no solo te aplastan físicamente, sino que te hacen dudar de tu cordura.
Las criaturas son una mezcla de pesadilla médica y folclore oscuro. Hay enfermeros con máscaras de cuero, monjas que se mueven como si tuvieran los huesos al revés, y entidades que parecen hechas de carne y culpa. No son solo obstáculos: son parte del mundo, del trauma, del simbolismo. Cada encuentro es una historia en sí misma.
Y ahora hablemos de lo técnico, porque en PlayStation 5 el juego se luce. Gráficamente, Tormented Souls 2 es un salto brutal respecto a la primera entrega. Las texturas están más trabajadas, la iluminación es clave (esa linterna no es solo estética, es mecánica), y los efectos de niebla, sombra y partículas crean una atmósfera que te mete en el cuerpo el miedo sin necesidad de jumpscares baratos. El diseño artístico es barroco, sucio, religioso, con una paleta de colores que mezcla lo sagrado y lo profano. Cada escenario parece un cuadro maldito.
El sonido es otro protagonista. La banda sonora mezcla lo ambiental con lo ritual, y los efectos de sonido están tan bien colocados que a veces te giras aunque sepas que no hay nadie detrás. Los pasos, los susurros, los crujidos… todo está pensado para que no te relajes ni un segundo. Y el doblaje, aunque sobrio, cumple con transmitir el peso emocional de Caroline y el horror que la rodea.
¿Opciones? Hay varias. Puedes ajustar la dificultad, explorar a tu ritmo, y lo mejor: hay distintos finales. Dependiendo de lo que hagas, lo que descubras, y cómo enfrentes ciertos dilemas, el juego te recompensa (o castiga) con desenlaces que van desde lo esperanzador hasta lo absolutamente perturbador. No es solo matar monstruos: es decidir qué tipo de persona eres en medio del caos.
En resumen, Tormented Souls 2 en PS5 es un viaje oscuro, retorcido y bellamente diseñado. Es para quienes extrañan el terror con peso, con historia, con puzles que no te tratan como tonto y con criaturas que parecen salidas de un mal sueño con presupuesto. Dual Effect ha crecido, ha aprendido, y ha entregado una secuela que no solo respeta el legado del primer juego, sino que lo eleva. Y PQube sigue demostrando que lo indie puede ser grande si tiene alma.
¿Lo mejor? Que no es para todos. Y eso lo hace aún más especial.
Aquí os dejamos el tráiler de lanzamiento:






